Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

14 mar. 2011

Black Sabbath... sin música


La otra noche, aprovechando la oscuridad y el silencio, uno o dos terroristas palestinos entraron a hurtadillas en un asentamiento israelí y, colándose en una casa, asesinaron a una familia de colonos. Padre, madre y tres hijos, de 11 años, de cuatro y de meses.

No fue mediante un disparo, sino mediante el acuchillamiento. La utilización de un cuchillo de cocina para pegarle tres o cuatro puñaladas, no creo que tuviera espacio para más, al cuerpo minúsculo de un bebé denota el sadismo del terrorista palestino.

Agarrar el arma y pinchar carne de bebé. Es así como piensan construir el Estado Palestino. A fuerza de apuñalar a bebes, niños o padres mientras duermen en sus casas. Curiosa forma de construcción nacional, pero para nada original.

Los israelíes han alertado a sus fuerzas de seguridad para que busquen casa por casa al asesino de los colonos que, seguramente, estará escondidito en algún zulo improvisado en casa de algún dirigente de Hamás, ese grupo terrorista que gobierna en parte del territorio palestino y que, desde Occidente, goza de total legitimidad democrática.

En España, aparte de otros paises, los apuñalamientos de la familia de colonos no son noticia de apertura de los telediarios, ni aparecen los cuerpos de los infantes en fotografías a primera página en los diarios más importantes. Hace ya tiempo que los progres de este país, y los no tan progres puesto que el problema del antisemitismo colea tanto en izquierdas como en derechas, tienen opinión formada sobre lo que sucede en Oriente Próximo. Ya se sabe: la faceta imperialista de los judíos, con sus planes de dominación mundial y su control del capital, mezclando todo en coctelera junto con Wall Street, los lobbies judíos, los ultra-ortodoxos y los famosos aunque no menos falsos Protocolos. Agitar bien, añadir hielo picado en copa grande y… voalá… caldo de antisemitismo al canto.

Luego se adereza todo con un poco de propaganda y algunas sesiones de industria cinematográfica pro-palestina, más conocida como Pallywood, y ya está hecho el milagro. Tampoco estarán de más declaraciones de los espectros de Arafat de turno, ahora conocido como Abu Mazen, intentando despistar sobre la autoría de la masacre aunque, con las mentiras, dichas declaraciones tengan las patas cortas, muy cortas: al poco, ya salió el líder de la resistencia de turno, o de la “insurgencia”, como gusta de llamar, a atribuirse el atentado, mientras los palestinos, pro-palestinos y occidentales apalestinados se lanzan a la calle a celebrar los apuñalamientos golpeándose en el pecho, disparando al aire sus Kaláshnikov o con esos silbidos que hacen las mujeres con la lengua, a modo de víboras. Víboras que paren muerte.

Engendran odio, y la vida para ellos no es nada. Un cinturón de explosivos, una pistola apuntando a la sien, un secuestro en un avión o un corte con cuchillo mellado en la garganta. Los vítores y las grititos siempre son iguales.

Y se sienten tranquilos. Poderosos debido a la cobardía occidental. Cobardía cuando no complicidad. Montarán flotillas de ayuda a Gaza, cuando quieren decir Hamás, plagadas de armas y de malas intenciones. No respetarán advertencias ni ruegos y se embarcarán en la ayuda al pobre pueblo palestino, oprimido y masacrado. Chaleco salvavidas, teléfono multimedia con línea en Tweeter y cartera llena de pasta, no sea que tenga que sobornar a alguien para poder volver a toda prisa, con la cola entre las patas, modo perro. Cuanto más famoso sea el aprendiz de marinero, más rápido volverá corriendo mientras balbucea sintiéndose víctima por lo que considera un ultraje por parte de los israelíes. De esos hay muchos por estos lares, eh Willy: defensores de la paz. La pá del corrá, mejor dicho. Su paz. La del carnicero manejador de cuchillos.

Luego llorarán por la respuesta de un pueblo que se defiende de los distintos ataques recibidos. Un pueblo de unos 8 millones de habitantes, rodeado por varios cientos de millones declarados abiertamente enemigos suyos, que tan sólo esperan su desaparición, o exterminio. A punto estuvieron una vez de ser exterminados. Normal es no querer tentar a la suerte. Pero la Shoa ya queda muy lejos, y ahora son ellos los adjetivados como "nazis", mientras los palestinos juegan el papel de sentirse víctimas. Víctimas que, ante estos horrores, pierden legitimidad para su “resistencia” echando por tierra los “esfuerzos que Hamás y Al Fatah” realizan entre comilonas diplomáticas y apretones de mano políticos. ¡Camaradas, a montar flotillas!

La culpa, como siempre, de los israelíes.

Cuando les nombraron el pueblo elegido, no creo que imaginaran tanto rollo.

NOTA. Ya que no se trata de muertos palestinos, ni aparece la figura del niño de turno lanzando piedras a un tanque o con la cabeza ensangrentada después de haber recibido el impacto de metralla mientras jugaba a ser un escudo humano, estas imágenes no abrirán ningún telediario ni aparecerán en la primera plana de los periódicos nacionales.

Igualmente son muertos. Muertos bien muertos. Acuchillados.

(Ojo con las fotos. Impactan siempre que no seas un carnicero con billete en flotilla).

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