Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

1 abr 2021

(Silencio) .... (y feliz Primero de Abril)


 ... los varones prudentes, las repúblicas bien concertadas, por cuatro cosas han de tomar las armas y desenvainar las espadas, y poner a riesgo sus personas, vidas y haciendas: la primera, por defender la fe católica; la segunda, por defender su vida, que es de ley natural y divina; la tercera, en defensa de su honra, de su familia y hacienda; la cuarta, en servidio de su rey, en la guerra justa; y si le quisiéramos añadir la quinta, que se puede contar por segunda, en defensa de su patria.

        El caballero de la Triste Figura.

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Jueves Santo de silencio.
Retráiganse del ruido y oren un poco, entre duda y duda.
La fe es la clave

11 mar 2021

Requiem æternam dona eis, Domine: et lux perpetua luceat eis


 Hoy se cumplen diecisiete años del atentado terrorista de Madrid.

Diecisiete años...
...  y la lista de preguntas sigue ahí, a la espera de respuestas.
Casi doscientos muertos y cerca de dos mil heridos...
... y una sospecha insistente en la cabeza que nos hace cuestionar si este país estaría así, a la deriva, sin lo acaecido el 11-M (y lo silenciado por tantas liendres del Poder).

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No hay que atacar al poder si no tienes la seguridad de destruirlo. Nicolás Maquiavelo

19 feb 2021

La fiesta de la democracia


Cinco días después, se abren de nuevo las puertas de la Sala X. 
Cinco días después, tras el confinamiento voluntario derivado de la participación forzosa en la presidencia de una jarnosa mesa electoral merced a la obra y gracia de la infame Generalidad de la putrefacta tierra del este, en los albores de la nueva tempestad, vuelvo a nosotros, monos… 
… unos instantes… 
… para hacer pública mi alegría, alboroto… otro perrito piloto… y brindar con mis soldados por los días pasados, presentes y futuros, que fueron… son… y serán días de honor y gloria y victoria. 
Quizá no lo veáis ahora mismo, hoy, rodeados de ponzoña y humo y fuego. 
Quizá no lo veáis debido a la sangre reseca en las vidrieras de las tiendas Louis Vuitton y no lo oigáis a causa del estallido de los globos oculares, absortos en el vuelo de las pavesas y los aromas entremezclados de sudor y perfume Calvin-Klein de los revolucionarios imberbes, pero la victoria está ahí fuera como la verdad 
y es nuestra 
como lo es la sensación inigualable de ir sacando papeletas de las urnas electorales, una tras otra, ante la mirada incrédula de apoderados de barretina enroscada que se dan pellizcos de supremacismo esquivo… tú a mí y yo a ti… ante la avalancha de votos cantados como mandobles de resistencia hercúlea… 
VOX… y VOX… y VOX… y otro… otro… otro… 
… y los que hasta instantes antes del recuento se mesaban los cabellos henchidos de soberbia y buen hacer democrático al estilo marxista-leninista-perroflauta-separrata, ahora, ante la cantinela regalada por el simiesco presidente de mesa, se hacen cruces laicas sobre el pecho, aterrados ante el fascismo que viene, envenenador de acuíferos, facedor de entuertos, camisa azulona y rojo excitante carmín, cementerio de cunetas y gulag de raperos de cultura modernilla (de mierda). 
¡Qué jornada y media de mugre para tan sólo escasos minutos de euforia! 
Después, los análisis de los tertulianos de barra de bar, apoyados sobre sus carpetas de apoderados y demás jauría a sueldo, soltando diatribas de ciento cincuenta caracteres acerca de purezas de sangre falsaria, la no-integración de los refugeesnotwelcome o la estulticia de aquel lumpen que no votó por el redentor del pueblo elegido, sea este fugado o encarcelado, y su camada de profetas de Palau. Panda de desagradecidos forasteros. Puñetazo en la boca, exhorta el filistrín de la Radio de las Tres-Mil-Per-Cent Colinas lazis desde su urna de cristal blindado. 
Cinco días, cinco. 
Confinado debido a la pandemia democrática que arrasa esta tierra yerma. 
Entre la herrumbre, la ceniza y el gozo. 
Aquellos que crean que tamaña basura vencerá no conocen la holgura de nuestras espaldas.

1 jul 2020

Hiperpirexia


En una época de engaño universal, decir la verdad es un
acto revolucionario.
George Orwell


En esta calenda juliana extremadamente calurosa no merced al calentamiento global acojonante sino a la pandemia campeadora que recorre la reseca piel de toro hispana, dicen que hubo un eminente doctor doctorado en ilustrísima universidad cimentada sobre la ley logsiana de la sabia escuela rubalcabiana -cuna de la sapiencia intrínseca a la generación mejor preparada de la historia patria habida y por haber- que, paseando frente al circo moderno madrileño de Las Ventas, confusa luz cegadora y amarillo albero, viendo la estatua verdosa de cobre al recuerdo del Dr. Fleming sufragada por sus agradecidos pacientes toreros, confundiose víctima del hechizo lanzado por un bromista prestidigitador y, spray graffitero en mano, raudo, emborronó el altar dedicado al padre de la penicilina... salvadora de vida... con pintadas de asesino, fascista.... virus-virus-virus... virus-socialista.
Y es verdad, es cierto que, viendo la gesta del doctor doctorado, entre vítores y genuflexiones y pañuelos blancos, aplaudiendo sin aguardar las ocho post meridiem, tras la barrera, la gente que pasaba olía que apestaba.
Antifa, antifa.... grita la mancha humana... Doctor, doctor, los más apasionados por las fiebres,
y el licenciado con máster interino residente, sacudiéndose la pólvora de las manos, sonríe al tendido brindándole la hazaña... Va por ustedes, gladiadores... y encendiéndose un porro de ese tabaco aderezado que no mata según rezan las cajetillas del Ministerio de Sanidad, prosigue su camino cruzando la puerta grande a hombros de los cincuenta mil muertos pandémicos que, a pesar del silencio sepulcral del velatorio, salieron de la fosa para ser parte del cortejo.
Oreja, rabo y medalla al mérito civil otorgada por la unanimidad de los bastardos del virus social-comunista-separatista, magufos en la sociedad posmodernilla de mierda donde, al fin, los doctorcillos de la iglesia obtienen la deshonra... penicilina progresista mediante... que merecen.
Pobre España,
triste es la pandemia que arrastras.

10 abr 2020

Procesión de muertos



Tú eres el que no encaja. Naciste 40 años tarde o 40 años pronto. Mi hija lo sabía. Que Dios la bendiga. Y tus hijos lo saben, especialmente Murph. Antes mirábamos hacia arriba soñando con qué lugar ocuparíamos entre las estrellas. Ahora  miramos hacia abajo, angustiándonos con qué lugar ocuparemos entre el polvo.
Interestellar.

Viernes Santo, día de calvario y pasión.
Caprichosa, esta Semana Santa de 2020, década de feliz añada loca que ha cambiado las procesiones de nazarenos por el paso silente de los ataúdes. 
15.000, oficiosos, recorriendo, penitentes, las abandonadas calles de la geografía española al amparo, no ya de los cirios, las saetas y las lágrimas de las casaderas con mantilla y traje ceremonioso, sino de las palmas trasnochadas, los vítores acongojados y el rezo -"a cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad"- en apología del dios menor del todopoderoso Estado de Bienestar entonado a capella desde los balcones que retumba a lo ancho y largo de todas las esquinas de la morgue.
Las imágenes de los santos y las vírgenes han sido sustituidas por las estampitas de los sanitarios enmascarados bajo un traje de superhéroe confeccionado con bolsas de basura e impresoras 3D, la policía abandonada a su suerte que ahoga su llanto mediante el cante de aniversarios felices... un ejército suplicante frente a unas autoridades sectarias... y el torrente lúdico-festivo de la parrilla de unos medios de comunicación autóctonos regados de indulgencias laicas siempre prestos a reflejar el estado de ánimo de la audiencia aborregada que anda muy preocupada por las jornadas de barra de bar que se le escurren entre los dedos merced al confinamiento dorado que conlleva este moderno valle de lágrimas que le tocó vivir en suertes... rutina anhelada que no volverá a pesar de todo.
Las promesas individuales devienen en mentiras colectivas. La penitencia, tocada por el halo del Estado, es pura soberbia. La pandemia, una fiesta en ciernes. El cuerpo de los mártires, menos números escritos a lápiz... fáciles de borrar, propensos al cambio interesado... Hoy un cadáver aquí, mañana un entierro allá... un hijo llora mientras recorre la vía dolorosa por la que cree que anduvo su progenitor mientras la plebe, mirada inyectada de inquina, aplaude y canta esa adaptación del viejo dicho de "el vivo-el bollo-el muerto-y-el hoyo" que hoy suena con letra de "sobreviviré".
Muere el padre,
y el hijo... perdónale porque no sabe lo que hace... vitorea la gracia de no ser un prescindible anciano, socializa el vermú con el hasta ayer desconocido vecino del segundo cuarta, graba con su celular una elegía destinada al mundo hermanado por el virus, comunero, que la recibe y ríe y la reenvía a otros que siguen riendo al tiempo que escudriñan lo ceñido del pijama del protagonista o lo bien que sientan las ondas en la media melena bob de la guapa huérfana. Velatorio digital y extremaunción 2.0 bajo la tutela cimbreante del magisterio eclesiástico de negra sotana y anchas y teóricas tragaderas liberadoras, más pendiente, hoy, del terruño cenagoso del superhombre de género neutro que habita la Tierra que de ese Reino inmaterialmente dialéctico que no es de este mundo.
Así transcurre el calvario actual; esta es la pasión de los tiempos posmodernos.
Desidia, chistes, muerte y aplausos.