Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

26 jul. 2018

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Como diría el hagiógrafo del Padrecito de los Pueblos en la canción desesperada que acompañaba su veintena de poemas, podría escribir los versos más tristes esta misma tarde, aunque no serían tristes sino guarros a cuenta y riesgo de la ocurrencia de la consejera de la republiqueta en materia de leche cruda, o lefazo fresco... pero voy a desistir porque no me apetece hacer leña del árbol caído, o de la copa menstrual derramada...
... aunque este recato mío no traspasará las fronteras del buen gusto, monos, y así, aprovechando los calores y los sudores y los cueros pegajosos, mientras pensaba a qué dedicar mi tiempo libre entre pañal y leche -esta sí- en polvo, iba dándole a las redes sociales para ponerme al día cuando... ¡oh, sorpresa!... he tropezado con la instantánea moderna (de mierda) del líder naranja y la belleza prohibida que abre este informe de la milicia simiesca.
Esa sonrisa, Alberto.... cierro los ojos y...
... y voy en un desvencijado Copa Turbo carburado, conduciendo, y tengo muchos años menos y es de noche, negra noche, y no hay radares que te cacen en la carretera como si fueses un vulgar contribuyente que olvidó pagar el impuesto de bienes e inmuebles del pueblucho, ni tampoco abundan las patrullas de la guardia civil pasada la medianoche y los perros de cuadra apenas son una ilusión en la puta rúe... y conduces ciego rompiéndose la magia de la noche tan sólo al cruzar bajo las farolas de la nacional, bordeando la playa y su rubor salado mientras suena un viejo tema trance en el radiocassette, y hay humo, y la noche es joven y eterna, y vuelan las botellas de agua, se funden los mecheros y el porvenir es una broma lejana.
Girando una esquina, de vueltas con el picor y el amor pendenciero aguardando a un esbirro de la pandilla. Cuatro palabras bastan para romper el hielo convirtiendo una casualidad fortuita en el reencuentro de un infantil romance. Arrecian las pasiones entre dos desconocidos... "sube al coche, tipa", "te sigo, mi amor"... y engrano la primera del cochecito del amor rumbo a la ruta nocturna de la pasión monetaria. Otro lía un cigarrillo de la risa. Atrás, las manos no pierden el tiempo haciendo brotar los gemidos pero, de entre todos ellos, uno se muestra más lastimero que jovial e, inmediatamente, una rodilla se clava en mi riñonada una vez, dos, tres, y con un volantazo la caja de muertos que siempre fue esa máquina infernal construida por la renault acaba en la linde, casi dos ruedas colgando libres del acantilado.
Hay noches en las que la risa parece vedada, pero no fue así en aquella ocasión. Hoy, mañana, tomando cerveza helada mientras contemplamos obras sentados en bancos de plazas ocupadas por lazis y sus perras cruces, aún seguimos riendo rememorando cómo una de las manos veloces, al adentrarse en una entrepierna sudorosa, buscando pescado fresco, tropezó con carne en el menú.
Son caras, rostros, ojos desorbitados, mandíbulas desencajadas y una aspirante a miss universo huérfana en una carretera al infierno, Alberto, lo que ha despertado en mi memoria, como un fantasma, tu posado mágico con la belleza robada a la biológica naturaleza.
Es la chicha y la limoná... la carne y el pescado... mar y montaña... hete aquí el otro mundo posible, el centro amable...
... la tercera vía.

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