Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

24 dic. 2017

Caldo herético


En Siset, la tertuliana de la TV3%, los cantautores del Senegal, los danzarines del ball de bastons y las thaumetopoea pituocampa de la cadena humana de la V de victoria, todos juntitos y bien avenidos al son de la gralla y el trabuco, celebran, en el casal del popbla, el tradicional ron cremat -Ron Pujol- de las vísperas de la nochebuena cinco minutos antes de acudir a la misa del gallo auspiciada por el párroco bandolero de la tierra vieja de fuero, barretina y perímetro craneal evolucionado según las indicaciones de los x-men.
Dándole a la marmita, removiendo el caldo mágico del superpoder, vomitan el odio que les fue inculcado en la guardería del liceo alemán sito en la avenida del paralelo, jarabe de luces de colores, voluntad popular y democrático amor libre endogámico que ha rebrotado tras la victoria de la bella Inés. Mientras, bajo la atenta mirada de la matriarca tribal, los querubines de nueva hornada, apaleando el cagatió, cantan a la emancipación frente a los colonos que de fuera vinieron con intención de echarlos al puto marenostrum de mis amores. Palo va, palo viene, el tronco caga chocolatinas, calcetines de la avia y, con el último arreón de garrotazos, la añorada y endiablada republiqueta catalana.
El regocijo entre los habituales quiebra el anochecer. Crepita el fuego. La virgen de la montaña nos mira, maulets. Parece que ha guiñado un ojo, bendita sea en la hora negra de eclosión urbanita y su millón de votos reaccionarios, ratas todas de color naranja botifler... incultos, trogloditas, infrahumanos de más allá de las torres de Hércules.
Hay doctorados en politología por la Pompeu Fabra en el aplec de catalanistas aporreándose las pantorrillas en un burdo intento por simular un tam-tam-tam con el que menospreciar a sus rivales de la cosa étnica, ideputas tutsis. Hay funcionarias del conglomerado público repletas de zarzillos y liberadas de sujetadores y compresas menstruales danzando al son del timbal en plan místico, usos y costumbres aderezados al toque alucinógeno, un sol popbla a ritmo de metralleta de la Telefónica y golpes de hoz de cuando el prometeico John Deere les era desconocido.
En las tierras de España ajenas a la evolución lógica de los pueblos elegidos, el espíritu de granja que se ha apoderado de los amigos de la democracia que bajó del Canigó no es fácil de entender. Contemplan las excursiones a la capital de la "Uropa" de los hijos de la luz, la marea de bufandas amarillas reclamando la aceptación del privilegio de sangre, la proliferación de basura en forma de lazo anudada a los puentes, las farolas, los árboles... la puta bandera del campo de concentración ondeando en las rotondas de la aldea montaraz, la tergiversación de la manipulación existencial a la que han entregado sus tiempo en este flotante globo... escuchan los insultos, las amenazas, el hedor de la bilis que se desliza entre los dientes prietos de la muchachada de la democracia popular... observan atónitos el danzar, danzar, malditos, con el que celebran, uno tras otro, los fracasos de la utopía que rige sus vacías vidas.
Se miran los unos a los otros, pobres españoles vejados de espíritu en la tierra hostil, sin atisbar el motivo de tanta inquina, creyéndola pasajera como la flor de un día que, al llegar la negra noche, palidece hasta convertirse en humus en la añeja tierra, pasto de lombrices y demás materias reptantes.
Pero esta noche es buena, hay brebaje mágico en la plaza de la iglesia, unos a otros se dan las "bones festes" y el supremacismo racialista que les tuerce el gesto en una sonrisa superlativa, merced a la caridad cristiana... o la misericordia de verdugo laico... ocupará un segundo plano una vez las huestes de la nueva Ítaca hayan aposentado su elitista esfínter en la mesa familiar del viejo patriarca aburrido por el tedio y asqueado por la desazón de unos hijos pródigos que, de tanta arrogancia y soberbia, han resultado ser herederos de la idiocia, la náusea y la guerra.
Ya es un anciano, pensará el hereu mientras chupa cabezas de gambas rojas de Tarragona.
Esquiva, la sonrisa aflorando en los labios del demócrata afrentado: quizá el año que viene no esté el vejestorio y se ponga fin al expolio de los polvorones, la gula por el turrón duro y su indiscriminada reticencia a calentarse las entrañas mediante el mejunje sagrado con el que la Moreneta obsequió al inmortal popbla catalán.
A pujolone y su agüita amarilla orad, nois de la mare.
(Maldita sea esta mierda, monos)


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