Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

29 abr. 2017

Lo cuántico


Soy doctor en física teórica en el Caltech.
Mi día a día gira alrededor de la teoría de cuerdas, estudios cuánticos acerca de la materia oscura y, últimamente, la investigación de las partículas subatómicas. El resto de mi tiempo, monos, lo dedico a mis maquetas lego de Star Wars, ver y rever películas de animación clásica japonesa y leer y releer todo aquello que caiga en mis manos, sean cómics, novelas o ensayos filosóficos, aunque esto último, las novelas y los ensayos, deben ser, forzosamente, anteriores al presente siglo (y, a veces, incluso al anterior... y al anterior... y así hasta llegar al gran petardazo... el big-bang-de-todos-los-santos-amén).
Sólo así, abducido por los misterios de la gaya ciencia, embelesado por sus dogmas integrados al cubo, las largas series de números primos o la envidia insana que me despiertan los superpoderes del hombre-araña, el súper-guerrero-shaolin-del-espacio o los agentes de la TIA, consigo evadirme de la realidad palpable, tan poco teórica, tan falsaria, que envuelve esta materia nítida, física y moldeable, que me rodea, repleta de miserias ideológicas, utopías de científico lysenkiano y una infinita tabla periódica de mentiras y tergiversaciones de revoluciones históricas pendientes y licenciaturas regaladas por la tómbola educativa estatal.
Brebajes de radiación gamma para contrarrestar la inquina humana de clase baja, media y alta.
Mi colega, experimental, flirtea con el amor de una rubia cañón capaz de derretir el hielo de los polos, acallar supernovas más allá de Orión y, hechos de los más brillantes quásares del firmamento, lucir colgantes sin que su halo sucumba ni un ápice al brillo de los pedazos de universo.
Él todavía tiene esperanza... pero yo soy doctor en física teórica: sé poco de práctica... nada sé de la realidad táctil que me orbita, y, hoy, he superado la incipiente envidia que me despertaba su beatitud.
Hay sabidurías ajenas a este mundo.
Quizá en otro, más allá de esta tierra, en el reverso de las estrellas.
Hacía allí me encamino.

 

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