Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

21 feb. 2017

Crónicas de la resistencia (III)


Durante las últimas maniobras y barrigazos, he vuelvo a advertir un fenómeno peculiar en un largo etcétera de municipios de la Ítaca de los mil años, y que podría resumirse en la aparición, mariana, de un apéndice a modo informativo con el que la villa y corte se vanagloria de su anhelo por la independencia, panacea que ha de traer la electricidad barata, el Nivel C sanguíneo, renta básica universal y el harén del califa.
Ha sido en el trayecto de vuelta al Cuartel General, tras dejar atrás un sinfín de kilómetros por carreteras comarcales, regionales, pedanías y el hort de lechugas del avi Siset.
Bajo la nomenclatura de las divisiones panzer, la sentencia: municipio por el hecho diferencial.
La mayoría de ellas quedaban atrás con un parpadeo, quizá una triste parada auspiciada por el semáforo tristón que busca cariño en una carretera solitaria, pero si mirabas por el retrovisor, amenazante, la rotundidad de la afirmación se veía reflejada acompañándote durante un largo trecho, hipnótica... estate al loro, colono... aquí sólo súbditos...
La noticia no es fresca, hace algunos días que ronda por las crónicas de la resistencia, pero hoy leía que el rebelde que hará unos días, encorajinado ante tanta chulería a cargo de lo público, decidió emprenderla a patadas con el recio acero de la convicción informativa -y fueron tantos sus estacazos y tantas sus embestidas que, a no mucho tardar, la inocente, alegre y científica señal de tránsito dio con los dientes en el asfalto-, ha sido empitonado según dictan los cánones del estado de desecho.
Influyó que pasara por allí un buen samaritano armado  con su celular inteligente, cuya grabación en alta definición puso en aviso a los voluntariosos por la voluntad del municipi, los cuales salieron prestos a la cacería a lomos de sus perros de presa. La colaboración ciudadana, tan efectiva en estos agravios identitarios, no tardó en dar sus frutos, según narran los rotativos de la tarde, y el violento fascista que osó emprenderla con el cartel tomándolo por chuloputas, ya descansa en el más negro calabozo del palau.
El papelajo del sargento chusquero lo dice bien clarito: de vuelta al redil, dí «hasta luego» al tercer grado, pelanas, que lo tuyo son actos legítimos en defensa de la unidad de España, y eso son delitos de odio, botifler.
Así están las cosas, monos.
La moda del Blanquerna... los lloros, los odios...
... la náusea...