Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

14 jul. 2016

A hierro


Eso de la foto es un puño americano.
Se introducen los dedos por los agujeros, se cierra el puño y aparece la ristra de anillos, ajustados; la base, firme contra la palma, amortiguará el contacto del hierro contra los dedos durante el golpeo.
Con simpleza, la potencia de ataque escala un puñado de posiciones en la clasificación de la violencia. La contundencia del directo puede llegar a ser letal según sea la categoría del púgil en el rango de la cobardía barriobajera. Paseas por la calle, unos imbéciles se propasan con tu chica, respondes y, como sombras rodeándote, una sacudida de hierro con el empuje de un becerro ilumina tu noche con las mil estrellas del noqueo. No te da tiempo a nada, todo fue muy rápido, diferente de haber visto el brillo del metal... pero ahora descansas sobre el asfalto tus ocho horas recomendadas por los expertos; mañana será otro día.
Anteayer, a una chica de Madrid un cabestro le saltó los dientes de un puñetazo. Atendiendo a las fotos que circulan por ahí en las que se ve en qué ha quedado lo que pudiera haber sido una linda boquita de piñón, el valiente mierdecilla debía llevar un puño americano enguantado. Hierro contra dientes, mal asunto; amasijo de labios hinchados, carne lacerada y marfil quebrado sobre las encías babosas.
Un nocaut a una mujer, una chica, una chavala, una joven... y resulta aterrador comprobar cómo, en la España de la social-memocracia de marketing que padecemos -obsérvese que no hay tonto del haba que se precie que no se autodefina como feminista, partisano o politólogo ni sistema institucional en que no se idolatre la ingeniería de género-, el episodio de la desdentada prematura pasa desapercibido para el otrora bullicioso (y subvencionado) océano de colectivos de la progrez y sus milicianas de tetas libres (si son guapas), sobaco sabrosón y meada de pie y en botella para regar las plantas.
Podrían haber sido los chekistas de la democracia del padrecito de los pueblos, los hacedores de otros mundos posibles al son del timbal o las hordas que ansían asaltar el cielo español a golpe de sonrisa impostada los culpables de que la joven solo pueda alimentarse a base de líquidos durante unos días, por lo que los paladines de los derechos de las mujeres, ante los desmanes de incontrolados bastardos del nihilismo dialéctico, optan por callar, encender un cigarrillo de la risa y mirar para otro lado a ver si, con suerte, tropiezan con algún fascista que ose invitar a una doncella al café con hielo de media tarde.
Callan, y ríen, y un chiste rápido ya circula por los círculos: para tomar café, la pobre desgraciada fascista no necesita dientes.

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