Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

7 sept. 2014

Mirando al mar

Seguramente no me creerás. Leerás estas líneas, negarás con la cabeza, en silencio, poco antes de maldecir la pérdida de tiempo que te he acarreado explicándote una locura de feligrés de vete tú a saber qué religión o ciencia. Un tonto que no mira el calendario, desconocedor de que, en el siglo en el que vivimos... s.XXI, otra odisea... conocemos el color del Bosón y algunos, pocos, tocan solos de guitarra con la teoría de cuerdas.

Te ahorraré el tiempo: no sigas leyendo. La práctica puede gustarte, pero la teoría te chirriará, torciéndote el gesto, y por nada querría yo que la molestia que venga a perturbar tan precioso día tenga que ver con este cuento, esta historia, este recuerdo que guardo de cuando disfruté de mis vacaciones allí...

... al otro lado del espejo, donde se esconden los reflejos de lo que un día fuimos, aguardando otro tránsito que los devuelva a la vida física, al plano mortal, convertidos en peones de un escabroso juego de dioses.

Fue en un pueblo con mar, una tarde, tras una interminable jornada de marcha a pie. Me había propuesto recorrer hasta el último rincón de aquella realidad cuando, al girar una arboleda, el ancho e interminable océano se mostró ante mis ojos. El Gran Azul bañándolo todo con su brisa, teñida por el aroma de la sal y la aventura, hogar de monstruos inmortales e islas desiertas donde aguardan tesoros a diez pasos al este y cinco zancadas dirección sur.

Con mayor facilidad que durmiendo se sueña observando la mar.

Bajé absorto, hipnotizado por el rumor de las olas y el tintineo de la resaca. Atravesé verdes praderas, anchos ríos y aldeas engalanadas donde las gentes corrían de acá para allá, celebrando fiestas patronales con decenas de banderolas cruzando de balcón a balcón, coloreadas de vivos colores a juego con la vistosidad de los geranios y el jazmín de las vecinas. Poco a poco, al ritmo de mis pasos, la música de la banda quedó atrás. Seguía dirigiéndome al frente, a la primera línea, deseoso por sentir el tacto del agua fresca en mis pies mientras se hunden en la húmeda arena.

Allí estaba él. Sobre una peña, sentado, la figura de un joven de apenas veinte años, delgado, alto, con los ojos de un azul intenso, blanquecino de piel a pesar de las horas al Sol, pelo largo y desaliñado... Me acerqué, curioso. Pregunté, observé, bromeé... pero Ismael (descubrí, al final, que se llamaba Ismael) no dijo palabra. No habló y no apartó la mirada de aquel azul que se mecía ante sus ojos, cotejando un horizonte en el que nada se veía... pero que, para aquellos ojos de piedra, lo escondía todo.

Me dejé caer, sentándome a su vera, sobre la arena húmeda, cotejando lo que se esconde más allá de lo que abarcan los ojos.

Pasó el tiempo y las mareas fueron subiendo y bajando, impertérritas.

- Buenas.

Junto a mi, un joven, imberbe, me miraba mientras fumaba un cigarrillo. "Buenas", le respondo, levantándome. Ismael, en cambio, no mueve un músculo. Me ofrece tabaco, le digo que dejé de fumar hace mucho tiempo, hace una mueca, extrañado, y empezamos a cruzarnos palabras de forma jovial y amistosa. Al igual que yo, también es un caminante, un explorador que gasta su vida buscando una respuesta que se disfraza vida tras vida y que llegó al blanco pueblo frente al océano siguiendo los pasos de Ulises.

- ¿Todavía sigue preso de las sirenas? -pregunté señalando la estatua de carne y sal cuya vista seguía fija en el fastuoso mundo que se esconde detrás del espejo.

Por él supe que el vigía impertérrito respondía al nombre de Ismael, y que llevaba allí más de cien años, clavado sobre la roca, sin parpadear apenas, escudriñando la fina línea que separa la mar del cielo, rezando en penitencia, aferrado al voto de silencio hasta que aparezca, a lo lejos, un mástil quebrando la tranquila superficie de los mundos, mostrándose esplendoroso aquel navío suyo con el que surcó los más anchos mares que pueblan la Tierra, a las órdenes del mayor almirante que conocieran los tiempos, héroe del Mediterráneo, héroe del Atlántico, héroe del Caribe y de las Indias. Héroe tuerto, manco y cojo... Mediohombre... pero superhéroe de los pies a la cabeza, defensor de un Imperio, azotador de la Pérfida y los piratas por ella paridos que en Cartagena de Indias aniquiló la gran escuadra de Jorge II mediante la fuerza de su coraje y la sabiduría de su ingenio. Caído durante las primeras horas del sitio de Cartagena de Indias, el pobre Ismael acabó aferrado a una roca agreste que aguardaba solitaria detrás del cristal de lo real e irreal. 

Caído y muerto, ahí sigue, erosionando la piedra mediante el mar de lágrimas que la premura con la que le llegó la muerte hizo brotar de unos ojos todavía vidriosos, todavía ajenos al poderoso hechizo que la nostalgia tejió a su alrededor, separándole de su querido almirante y llevándole lejos, a un sitio extraño en un plano complicado, donde la memoria de los héroes aguarda a la intemperie, dibujada en piedra, junto a cuatro palabras que impiden que la gloria de los muertos sea arrastrada por la cruel resaca.


Frente a la mar quedamos, ahora los tres, aguardando la llegada del mástil.

7 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Magnífico recuerdo al gran almirante Don Blas de Lezo.
Gracias.

Herep dijo...

Lo creí oportuno en el aniversario de su muerte. Es una lástima el desprecio hacia la Historia de España.

Un saludo, Javier.

Agustin dijo...

Menudo palizon se llevaron los ingleses a manos de este digno marino.Desde luego cuantos Don Blas de Lezo,necesitariamos en estos tiempos de derrota moral,un abrazo,

TioChafachorras dijo...

No es inédito puesto que lo escribí para la Caverna de Oli pero también estaba D. Blas en mi mente cuando lo hice:

A los grandes marinos

Las tierras que pisáis fueron un día
origen de orgullosos navegantes
que, impávidos, volvieron triunfantes
de hacer más grande aún su monarquía

Hicieron que su patria fuera un día
epítome de gestas de gigantes
sin ver jamás rival, que aunque brillante,
pudiera oscurecer su valentía.

Al tiempo edificaron su destino
en Dios, su Rey y entrega sin medida
que fueron aun más grandes por su hazaña

Por deuda de la envidia del mezquino
pagaron al final y con su vida
que dieron con honor y por España

Old Nick dijo...

Siento Que Se Me Pasar Esta Magnífica Entrada Conmemorativa Querido HEREP, Pero He TEnido Unos Días Un Tanto PESADOS Y No Ha POdido Dejar cosas En Casas Amigas.
Ahí Te Dejo Mi Contribución Versera Al HOMENAJE A ESTE HÉROE Por Desbracia Casi Olvidado En Su PATRIA.
Un Abrazo Genio
Un Brindis POr BLAS DE LEZO
Y
¡¡RIAU RIAU!!


IN MEMORIAM

Vasco, Español,No muy Alto,
Marcado por los Combates
Que Pagaba en Cada Asalto
Con Trozos, Ardor y Embates.
Buen Marino y Navegante,
Siempre Ganó a los "Britones"
A Cañonazos Tronantes.
Halló la Groria Final,
Rechazando a Bayoneta
y Pateando los Cojones,
a la Turba de Mangantes,
Que Sitiaban Cartagena...
Setecientos Españoles,
a Ocho Veces Más Ingleses
Les Dieron Derrota y Pena.
Pequeño, Casi "Medio Hombre"
Por Mutilación Honrosa,
Por Encima de Asquerosa
Panda de Anti-Historiadores
Levanto Carlos mi Copa
y Desde Proa hasta Popa,
Canto Su Gesta Gloriosa
Contra Ingleses Saqueadores
Con RON y Pipa de Brezo,
¡Nunca Olvidamos tu Hazaña,
Que Tu Gesta, Nada Empaña.
Porque Aún Quedan en España,
Hombres Como BLAS DE LEZO!

Herep dijo...

La batalla de Cartagena de Indias es, de todas las batallas gloriosas que son desconocidas por el ciudadano español, la más desconocida.
Pero tranquilo, Agustín, que ningún gobierno osará revertir este silencio, no vayan a tacharlo de "reaccionario".

Un saludo.

Herep dijo...

Gracias por compartirlo, Chafa... y Old. Buenas letras las que dedicáis a Don Blas de Lezo. Lástima que estas hazañas no sean cantadas en las tabernas como, estoy seguro, se hacía antaño, cuando uno sabía bien de dónde venía y a donde iba.
Muchos países querrían tener el abanico de posibles que nos ofrecen las gestas de los antepasados, pero nosotros preferimos más la picaresca del bufón y del lazarillo.

Un abrazo a los dos, y un brindis por el "mediohombre", verdadero azote de la Pérfida.
¡Riau!¡Riau!