Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

30 jul. 2013

Verano paliativo


 
El Sol brilla con fuerza salvaje.
Bien, piensa Marcos mientras extiende su toalla en un pequeño recuadro libre sobre la arena. Apenas son las 10:30h. de la mañana, pero la playa de Poniente está abarrotada hasta los topes. Primeros días de Agosto, temporada alta, lógica aglomeración. Si no es ahora, no será jamás. Sin pensarlo dos veces, Marcos se arranca la camiseta, se coloca las gafas de sol de este verano 2013 y se embadurna los brazos y el pecho… perfectamente depilado para la ocasión… con la crema de protección solar factor 20 que ha comprado en el tenderete pakistaní de la esquina. Protección 20 está más que bien. Marcos quiere tostarse rápido, desde el primer día.

¡El moreno le sienta tan bien!
Con la mirada inspecciona con avidez el perímetro que le rodea… Una familia con los pequeñajos haciendo castillos, dos abuelos sentados en cómodas sillas playeras leyendo el periódico, él, y el Hola, ella… dos chavales jugando a palas… otra familia amueblando su parcela de playa con mesas, sillas, sombrillas, neveras portátiles, una radio modelo rapero neoyorquino, tres paquetes de tabaco de liar, suegra, suegro, prima del pueblo… kit completo, vamos.

A la derecha, pero, está lo que anda buscando: dos guiris… dos rubiacas de esas que se ven en las revistas de coches poniendo los morritos así, y los ojitos asá. Escuchan música con un mp3 compartido, ocultas tras enormes gafas de sol, pero Marcos está casi seguro de que son rusas… Rusquis, oye, se dice. Las dos con las lolas al aire y un tanga naranja tan pequeño que, de verlo la tía Gertrudis, se muere del patatús.

Marcos se enciende el cigarrillo de marihuana, se levanta mostrando al mundo su también nuevo bañador slip… marca-paquetis… comprado en unos grandes almacenes de Soria, de donde es hijo y, crema en mano, se acerca a las rusas con la intención de pedirles, mediante gestos de mimo, que le den cremita en la espalda… que no llego, spasibo. Las chicas lo miran tras los pantallones oscuros de sus RayBan, cuchichean algo, olfatean la fragancia de la hierba, sonríen y una de ellas, tras secarse el sudor de la mano, toma posición para restregarle la crema por la espalda.

Mmmm… ¡Qué gustito, ostia!, piensa Marcos mientras los dedos de la rusa le acarician la espalda. Ha sido la guapa… bufff, ¡qué buenorra! Aunque la otra… también, también… bua. ¡Tanto me da! Tanto monta, monta tanto…

Al acabar el manoseo Marcos se retira. Se sienta en su toalla y se hace el distraído, dándoselas de interesante. Ya ha tirado el anzuelo con un gusano bien gordo. Ahora a esperar que piquen, que picarán.

Siempre pican.

Todos los veranos sucede lo mismo. Llegado el mes de Agosto, Marcos agarra el petate, le da una patada a su vida rutinaria y se dirige raudo a la playa… al paraíso… quince días, sí… apenas un abrir y cerrar de ojos… pero Marcos se transforma en otro, un ser nuevo, mejor, confiado. Un playboy para con las extranjeras aventureras. El “metrosexual hispano”, le gusta llamarse. Alquila su apartamentito, se compra buena ropa blanca al más puro estilo ibicenco, se deja la barba de tres días… y desconecta.

Desconecta de su asquerosa vida en Soria, donde le aguarda un trabajo miserable que apenas le da para pagar la hipoteca y que lo mantiene ocupado desde el amanecer hasta el atardecer, siempre rodeado de papeles, quejas, compromisos, problemas… Desconecta también de su maldita ex-mujer… ¡mala pécora!... y sus continuas denuncias por el retraso en el pago de la pensión. Pensión que, para más inri, no precisa para nada pues su nuevo noviete, el único cirujano plástico de la provincia, está más que forrado de parné, paseándose arriba y abajo con su Porsche descapotable mientras a ella, a la raquítica que antes fue, va hinchándola a base de silicona y Bótox al por mayor.

Allí, en la playa, mientras fuma sátiva del Rif, no tiene trabajo, ni ex-esposa siliconada, ni hipotecas que pagar. Tampoco tiene hijos… esos malcriados que, cada vez que lo ven, le echan en cara los regalos que su nuevo papi les hace día sí y día también. Putos críos consentidos, dos ostias tendría que haberles dado en su momento, antes de que todo se torciera… antes de que la presión de la vida cotidiana hiciera mella en su espíritu, le amputara las piernas, cortara sus alas… le impidiera volar libre… enjaulándolo… desquebrajando sus sueños de infancia…

¡Perra vida!

Marcos sonríe. Esto es vida, se dice dejando que su mente flote. Desconecta, coño… y se imagina invitando a las dos rusas a un mojito en el chiringuito Bacanal, esta noche, abierto a partir de las 22:30h. ahí mismo, junto a la playa. Él vestirá su pantaloncillo pirata blanco y su camiseta de tirantes a juego. Quizá se ponga el sombrero de paja y seguro que, a pesar de la oscuridad, lleva las gafas encima. Unas gotitas de colonia Eternity, un collar surfero con un pedazo de plástico que hará pasar por diente de tiburón y una lista interminable de chistes y ocurrencias varias… para impresionar… Marcos se ve agarrado a las dos rubiacas del este, alegre caipiriña, rumbo al apartamento… ¡Dos, ostias! ¡A las dos, verás!... donde les enseñará cómo, a sus cuarenta y pocos, aún sigue siendo un auténtico Espartaco en la arena del Coliseo.

Esto es vida, coño… no la puta mierda que tengo que soportar durante todo el año.

Y se va hacia el agua a darse un chapuzón, que bien le hará, sí, pues imaginarse a esas dos esculturas en cueros le ha dado un subidón de calor corporal. Tras meter la puntita de la uña para comprobar cómo de fría está el agua, se zambullirá como ha visto hacer en la TV a Los Vigilantes de la Playa… y nadará… desconectando…

Quince días.

Cuando las dos semanas pasen, volverá a su Soria natal… y su vida, la que él ha ido tejiendo en su telar artesanal, seguirá su curso. Sus miserias, sus fracasos, sus obligaciones… todo seguirá igual, al acecho, como si nada hubiese pasado. Volverá a sentirse igualmente desdichado, sólo, maldito… soñando esa vida irreal que se nos presenta unos pocos días al año… Vida en la que creemos poder ser aquello que no somos ni por asomo… protagonistas de un sueño de una noche de verano, rodeados por un harén espectacular… y vino… y rosas… y mentiras por doquier que camuflarán nuestra desidia ante una Realidad que no nos gusta, que nos viene grande, que nos ahoga a cada paso del segundero… tic-tac-tic-tac… mientras la Vida, la nuestra y única, se nos escapa entre los dedos…y cada día es peor, extraño, irreconocible, asfixiante intento por gritar sin articular palabra, tráquea obstruida, pulmones saturados, paro respiratorio…

… y, de nuevo, desconectar…

… y Silencio eterno.

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