Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

27 ago. 2011

El placebo


Alberto Segura se ha levantado nervioso esta mañana.

Al desperezarse en la cama y alzarse, por el lado izquierdo de la misma, tan sólo apoyar los pies, ha percibido que sus piernas temblaban. Un traqueteo débil, pero incesante. Vamos, tranquilas… se ha dicho mientras apoyaba las manos en las rodillas.

Al poco, sus manos también temblaban.

Sin atisbo de somnolencia, Alberto se levanta y, desnudo, se encamina a la ducha. ¡Qué calor! ¡Estoy pringado de sudor!... y, al tiempo que abre el grifo del agua fría, inspecciona su faz en el espejo del cuarto de baño. Perfectamente afeitado. Ni rastro de sobra gris. ¿Las patillas? Perfectas. Alineadas. Cortas. No es cuestión de llegar el primer día y empezar con un toque de atención.

En la radio hablan dos contertulios… los temas habituales… pero son palabras incomprensibles, distorsionadas por el sonido del agua que escapa de la alcachofa. A medida que la temperatura del su cuerpo va descendiendo, la mente de nuestro protagonista va activándose… lista para pasar a la acción… para acometer un día plagado de pruebas.

Alberto se mira las manos, arrugadas por el agua. Aún tiemblan.

El estómago, siguiendo la tónica habitual que ha adquirido su cuerpo tan pronto ha empezado el día, está revuelto. Las tostadas no pasan. El zumo de naranja, hoy, rasca su garganta. Da igual. Nunca ha sido costumbre en él llenarse el buche de buena mañana.

El cigarro mañanero, sí. Hoy no es tan sólo uno. Lleva… ¿tres? ¿cuatro? Es un intento, baldío, de frenar tanto nerviosismo… tanto temblor. Tras varias caladas nota, resignado, como el fino cilindro de papel de arroz se pega en entre sus dedos. Vuelvo a sudar. Maldita calor. Maldita ansiedad.

Desde el transistor se escucha la característica cabecera musical que da paso al parte de las 08:00h. Las noticias. Los días pasados había mostrado interés en escuchar aquella voz familiar que vociferaba desde los altavoces… pero hoy no tiene esa necesidad. Ya conoce las noticias de antemano. Los sucesos, los conoce bien. En
primera persona. Protagonista anónimo.

Indiferente, saca el uniforme del armario y empieza a vestirse. Todo está perfectamente limpio y planchado… con la raya de rigor. Alberto, por un instante, recuerda la imagen de su madre. Debería haberla escuchado más… haber aprendido de ella. Si hubiera sido así, no tendría que arrancar, como siempre, la etiqueta de la tintorería de la esquina. Esa tintorería que tenía en él a su principal cliente.

Una vez vestido y perfumado, tras el vistazo de rigor, cierra tras de sí la puerta de su palacio y sale a la calle.

La desconfiada calle.

El trabajo no cae demasiado lejos, así que Alberto empieza a andar por la acera. A medida que va dando un paso tras otro se da cuenta, desconcertado, que las rodillas siguen teniendo la consistencia de un flan. ¿Qué me está pasando? Tendré que ir al loquero

Y tendrá que ir. Lo sabe aunque, inconscientemente, retrasa todo lo que puede el momento. Aún persiste en su cabeza la vaga idea de que ese mal momento pasará. Que todo volverá a ser como era antes, cuando paseaba por la calle con la cabeza alta, agradecido ante las muestras de cariño de los viandantes… satisfecho ante la amabilidad mostrada por los ciudadanos. ¿Qué tal, Alberto? ¿Otro día en calma?

Calma. Calma que mutó… se calló… se volvió tensa.

Ahora todo es rencor… desconfianza… miedo. Los chavales, a su paso, ya no le miran con asombro. Ya no se fijan en la cartuchera ni el brillo de sus negros zapatos. Los menos, le saludan. Los más, le obsequian con miradas sarcásticas… de soslayo… como si pasase un apestado a su lado. Un enfermo. Un loco.

¿Será esa la causa del temblor? ¿Será miedo lo que le atenaza?

No lo sabe.

Lo único que le consuela es que no está sólo. Muchos de sus compañeros sufren las mismas dolencias. Tienen los mismos síntomas. Muchos han visitado ya al loquero en nómina… pero los temblores no remiten. Siguen ahí. Fijos. Como una mancha solar descubierta en la piel. Dos compañeros de su unidad, los más veteranos, llevan dos semanas de baja. Nadie ha suplido las vacantes.

La comisaria está desierta.

Al girar la esquina, Alberto lo comprueba por sí mismo. Ante la entrada del edificio no hay nadie. Ni agentes de guardia, ni compañeros de cháchara… ni unidades móviles… nada. La calma… la tensa calma… Todo lo envuelve, todo lo abarca. No se respira aire, tan sólo nervios.

Y expectación.

Pues hoy es el día D. El día marcado en las agendas de todos los policías. La fecha que aparece en todos los carteles de la comisaria… en los paneles de la cafetería… en las octavillas que descansan por el suelo.

Hoy es el día en que se pondrá en marcha el nuevo programa de instrucción. Las nuevas directrices para afrontar los tiempos futuros, en un esperanzador intento por parte de las autoridades al mando de frenar esta marea de ansiedad, miedo y desesperanza que embarga a los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado.
A las 10:00h, en la Sala de Actos, se celebra la primera sesión de la I Jornadas Nacionales de Instrucción Policial “Sección Afeminada”.

En ella, según rumores que han llegado hasta sus oídos, los agentes van a ser instruidos en nuevas tácticas de vigilancia, control y actuación. Una serie de directrices para que el trabajo en la calle sea menos estresante y más gratificante, redactadas por el Secretario de Seguridad del Estado y tuteladas por el propio Ministro del Interior. Gente que sabe lo que hace, se susurra por la Comisaría.

Según los rumores, confirmados por el ponente de las charlas, dichas normas servirían para acercar el trabajo de la Policía al pueblo… hacerla más accesible. Por lo visto, se prohibiría a los agentes patrullar armados. Ni pistola ni porra reglamentaria. Tan sólo un silbato… no muy estridente. Los sonidos fuertes aceleran el ritmo cardiaco. También se suprimirán las patrullas conjuntas pues éstas son peligrosas. Cualquier agente infectado por las dolencias que atacan al Cuerpo podría contagiar a su compañero… amén de la venta del parque móvil. Calma, agentes… conviene que estén en calma… que no se estresen con carreras por las avenidas de la ciudad al son de las sirenas. ¿Qué se produce algún delito en el extrarradio? Nada. Que nada perturbe la calma del personal. Total… ¿para qué ir tan rápido hasta el lugar de los hechos? Porque esa es otra de las conclusiones que se extraen de las nuevas directrices: nada de actuar por cuenta y riesgo de la Policía. Ante esas situaciones de estrés y rápidas decisiones, la Policía debe mantenerse al margen. Esperar órdenes. Esperar y, si la cosa se pone muy mal, desaparecer. Nada malo para el cuerpo… ninguna situación descontrolada para los policías. ¿Detenciones? Ninguna. ¿Cacheos? Ninguno, ¿Identificaciones? Olvidadas. No os preocupéis, agentes. Todo está controlado. Vosotros tranquilos. Dedicaos a poner multas, que para eso no es necesario hablar mucho. Y, si por un casual de la vida, el conductor que no paga la zona azul no se aleja demasiado del coche, guareceos entre dos coches para que no os vea mientras le ponéis la sanción. Lo dicho. Calma. Ante todo mucha calma.

El agente Pérez, entre sonrisas, sale de la Sala de Actos tras la primera de las charlas informativas. Mañana vendrán las clases de instrucción en talante, paciencia, juegos de manos y la pista americana entre coches aparcados, papeleras y buzones de correos.

Pero la calma, tensa, sigue ahí… esperándole a la salida de la Comisaría. Y Alberto, al encenderse otro cigarrillo de liar, comprueba que sus manos no la han olvidado.

Siguen temblando.

15 comentarios:

JackSparragoss dijo...

¿Que te voy a contar? Podría hablar de mi trabajo, podría contar como a lo largo de los años he visto a los "malos" a los mediocres y a los inútiles desistir en sus sueños de abrazar el cuerpo y pasar de golpe al otro lado, dirigiendo hordas anti-sistema, esgrimiendo argumentos tipo: prefiero ser cola de ratón...blablabla. Nadie les explico lo que aquello significa, nadie les hablo de lealtad.
Cuanto esfuerzo para nada, no aprendieron nada.
No se trata de ideas, les decía a veces, se trata de coherencia, no somos mercenarios.
Una pena

Saludos

José Antonio del Pozo dijo...

Lo que no sé es como a veces no se plantan y van algunos políticos y algunos jueces a detener a los delincuentes. Muy buena intriga, Herep
Saludos blogueros

Tío Chinto de Couzadoiro dijo...

Muy bien llevado, Herep, como de costumbre. Tu personaje llevará un silbato, como los antiguos serenos, pero irá sin el chuzo. Dicho de otro modo, ¡irá más desarmado que un sereno!

C S Peinado dijo...

Lo triste es que, al margen de lo irónico de tu artículo Herep, es lo que poco a poco vamos consiguiendo. Que nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, antes modélicas, respetadas y envidiadas en el Mundo Entero se vayan convirtiendo, cómo todo lo que toca el Gran zETAparo y su secuaz y sucesor ruGALcalva, en mierda, semiliquida y olorosa.

Lo bueno para estos tipejos es que el espécimen de español medio es voluble, manipulable y gracias a las ayudas de 420 euros, el per, subvenciones y paguicas, un ser agradecido que, lejos de pensar y levantarse a trabajar por su país se queda arrimado al Sálvame esperando la voz de su Amo para ir a arrimarle el voto.

¿Y todavía no comprenden cómo hay tanto tontolos cojones (Pedro Castro dixit) vota al PSOE?

Herep dijo...

Buenas, Jack

Es el cuento de la cesta y la manzana podrida... al final, la podredumbre se extiende.
En este país, con tantos paladines del progreso como se dice haber, el pecado capital es la evolución individual.
Si tu tienes suerte en la vida y prosperas, triunfas, te haces rico... ya verás, ya... como los donetes... pero no amigos, sino enemigos.
El socialismo, que es lo que tiene.

Un abrazo.

Herep dijo...

José Antonio,

¿Los jueces o políticos? Pero, ¿están locos estos romanos?

Una pregunta... ¿dónde está el Fiscal General del Estado? ¿Este que pasa, que al revés del resto de los españoles, trabaja un mes y veranea el resto del año?

¡Hay, amigo!...
Ya verás, ya... cuando los malos se den cuenta de que la Ley ya no se respeta.
Entonces es cuando vendrá el jolgorio.

Un abrazo y que pases una buena tarde.

Herep dijo...

C S Peidano,

El problema es que el discurso sociata queda muy bien... muy fino, con eso de la igualdad, el reparto de los bienes terrenales, los derechos de todo para todos... el talante y el diálogo.
Y como la gente no quiere problemas, pues no analiza para nada la relación mensaje-actuación...
Y ahí siguen... con su milonga trasnochada.

Sí, C S Peinado, hay mucho "tonto los cojones".

Y lo que te rondaré, morena.

Un abrazo y que pases unas buenas vacaciones.

Herep dijo...

Tío Chinto... que te salto...

Un silbato, una libretita y un buen boli... o no, no... mejor un iPad, que queda más ·progre"... y, de paso, así las multas (sólo valdrá para poner multas) llegan al instante a jefatura, vía Wifi.

Y, al cabo de la esquina, sustituimos a la policía por robots y alehop... ya estamos en el s.XXI. Ves... socialismo es progreso, que no os queréis enterar.

Un abrazo, amigo... y perdona la ironía. Si no me lo tomo así, tendré que emborracharme.

Natalia Pastor dijo...

Magnífico relato,Herep.
Que la policia esté bajo sospecha, laminada y además puesta en el disparadero por los propios dirigentes de Interior, da idea de la deriva absoluta en que está sumido este país.
No hay una sola institución que no haya sido degradada o manchada, en estos siete años de zapaterismo siniestro.

Candela dijo...

La función de la policía es hacer cumplir con la ley, es su profesión. Pero la han degradado, igual que cuando intentan obligar a un médico a retirar una sonda nasogástrica..

Todo lo que tocan lo desvirtúan, lo corrompen y lo emponzoñan. Como si los malos fuesemos no0sotros y ellos estuvieran obligados a ponernos un bozal.

Maribeluca dijo...

Esta dejación de funciones del "gobierno", este contínuo templar gaitas y echar balones fuera, las órdenes de tratar distinto a los alborotadores chuchoflautas...están consiguiendo minar la autoridad ,y lo que es peor, minando la moral de las fuerzas del orden como bien resaltas en tu estupendo relato de hoy, como si tuvieran ya poco después de ciertos comportamientos sectarios en los aledaños del 11-M, la faisanada y demás escándalos...

Necesitan sentir el aprecio y apoyo de los ciudadanos de bien.

Herep dijo...

Natalia,

Recuerdo que, hace tiempo, hablando con mi familia, decíamos, vistos los acontecimientos, que una legislatura zapateril iba a ser una ruina... y dos, una hecatombe.

Pues ahí estamos.

Lo venimos diciendo desde hace tiempo... la política de Tierra Quemada. Nada va a quedar a salvo después del paso de Zapatero y sus Siete Plagas.

Nada.

Un abrazo y sigamos.

Herep dijo...

Igual, igual... Candela.

Los médicos, los profesores, los militares, los policías, los funcionarios de carrera... aquí no queda nada a salvo.
Espero que los españoles tampoco dejemos descansar a estos saqueadores hasta que den con sus huesos en la cárcel.

Un saludo fuerte.

Herep dijo...

Aquellos que creen en la Ley, creen en la policía.

Los que están por destruirla, no creen en nada. Bueno, sí que creen en algo. En ellos y su supremacía. Están por encima del bien y del mal.

Es un cáncer de nuestro tiempo... y de nuestro país, que está para el desguace.

Un abrazo.

Herep dijo...

Maribeluca,

Este último iba por ti.

Gracias.