Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

1 jun. 2011

Clases de refuerzo

Poco a poco van clareando las oscuras nubes de tormenta y las calles van mostrándose más luminosas, limpias, emanando un agradable frescor primaveral. La lluvia fina, pero abundante, ha purificado las calles y las aceras de esta gran ciudad… renovando el aire marchito por tanto tráfico y bordando, con suave hilo, una dulce melodía de silencio y tranquilidad que desaparecerá justo en el momento en que asome, en el horizonte, el sector valiente del tímido Arco Iris.

Como siempre, me he entretenido viendo la lluvia… absorto en mis pensamientos, en la terraza de mi inmensa torre, desnudo… sintiendo cada una de las gotas golpeando mi piel, para después surcarla en un descenso guiado bajo control. Recordaba los veranos de mi infancia, cuando salíamos a pasar el día en el campo mis amigos y yo, en las verdes colinas de Springfield… y los baños en el río... donde aquella agua clara y helada calaba en mi piel hasta reblandecer mis huesos.

Eso recordaba viendo la lluvia caer… y mi ánimo era lo único que se reblandecía.
La lluvia… el agua… todo ha cambiado. Afganistán lo cambió todo.

Por suerte, he perfeccionado el método de activación y eso me ha permitido recuperar algo de tiempo… El aviso era urgente y se reclamaba inmediatamente mi presencia, pero tendrán que esperar. Siempre lo hacen… por la cuenta que les trae. Además… ¿y los otros?

Viajo rápido, sin atascos, sin problemas de radares o semáforos. Mi villa, renacentista, se encuentra a las afueras de la ciudad… solitaria como su solitario huésped. ¿Cuánto? ¿Ochenta… cien kilómetros? Eso no es nada para mí. Un suspiro. Un parpadeo y ya, ante mis ojos, se divisa el edificio de la Agencia: gris, anguloso… esqueleto de aluminio y piel de cristal… elevándose hacia las alturas, con sus decenas de antenas coronadas por lucecitas de colores. Semáforos del cielo. Nunca se ponen en rojo… dan siempre paso.

Aterrizo suavemente, justo sobre la H del helipuerto, son un leve clic. Perfecto. Cada vez lo hago mejor. Es algo natural... como si hubiera nacido con esa facultad.

Pero, al instante, mis sentidos se activan. Algo ha cambiado. La azotea está solitaria pero aún así, el aire vibra. Lo detecto… mientras observo que la puerta de acceso a la sala del ascensor está destrozada, arrancada de sus bisagras. Algo grande a salido por ahí… o entrado… forzando aquella puerta hasta derruirla. Pero, a pesar del destrozo, todo está tranquilo. Demasiado tranquilo en comparación con las anteriores veces que he puesto los pies en esa azotea. No hay comitiva, ni saludos…

También observo, acumulada en montoncitos cual pañuelos de papel, tela de araña.

Introduzco el código en el panel y la puerta del ascensor se abre. Está lleno de escombros y polvo. BK-S. El ascensor empieza a bajar hacia la planta seleccionada. BK-S: la última de las plantas excavadas en el subsuelo… la Planta de Operaciones. Una planta blindada, protegida ante cualquier tipo de ataque, fuera éste nuclear, biológico o… Blindada, es la palabra. ¿Blindada?, me pregunto mientras miro mi puño.

Los tres minutos que dura el descenso hacia las profundidades de la ciudad se me hacen eternos pero, una vez abiertas las puertas, la soledad anterior, la duda, la preocupación por lo que podía estar sucediendo… todo queda aplacado al ver a los mismos trabajadores trabajar en los mismos lugares de trabajo. Alguno me mira, se levanta impresionado mientras busca ojos cómplices entre sus compañeros... Inútil. Todos están hartos de verme… en ese búnker, en la calle, en los periódicos… en la TV…

Sigo viendo escombros en algunas esquinas. Parece que han intentado limpiar, pero aún queda polvo gris de hormigón machacado… y telas de araña.

Sorprendido el General McHorney mientras sale del baño, se acerca a donde me encuentro y, apresurándome, me dice que le siga, rápido… Siempre esperándote todo el mundo… y se encamina hacia la Sala X, la más amplia de toda la planta, con guardia permanente.

¿Qué ha querido decir con todo el mundo? ¿Esperándome? Pero… siempre me esperan, ¿no? El General este ya está empezando a perder la cabeza. Pero… ¿podría ser que...

La puerta de la Sala X se abre de par en par mientras los guardias del Servicio Secreto nos miran fijamente y… mis sospechas recientes se ven cumplidas: en la sala están, bueno, estamos todos nosotros.

- ¡Ironman! ¿Qué pasa contigo? ¿Aún llaman a viejos sacos de chatarra como tú?

- ¡Hombre, ya era hora! ¿O tendría que decir…

- ¡No, no! ¡No tendrías que decir nada, asquerosa araña peluda! –le digo a Spiderman, mientras se ríe a carcajadas recostado en una butaca, jugueteando con una de sus telas de araña. ¡Tela de araña! ¡Ja!

Esa es la razón del nuevo estilo decorativo del edificio… ¿y los escombros? Al lado, sentado sobre el suelo, está la Masa, con su eterna cara larga y sus movimientos lentos… pausados… Y no son los únicos, no. En la Sala X está Batman y Superman discutiendo sobre a quién queda mejor el traje, mientras el Capitán América paseaba nervioso alrededor de su escudo y Daredevil tantea la mesa buscando un vaso de agua. La Mujer Maravillas come un helado sentada en una butaca. Es sorprendente lo delgada que está… con lo que come. En una esquina descansa Spawn, brazos cruzados. Su máscara me impide ver donde mira. Seguro que a Magneto, pues éste le sostiene la mirada desafiante.

Mucho gallito junto.

Es todo muy raro. Nunca he coincidido en la Agencia con ninguno de ellos. Los conozco de la noche, de cruzarnos mientras trabajamos, pero pocas veces he entablado conversación con ellos. Spiderman, alguna vez… una noche en la Torre Clark, pero poco más. A Hulk lo conocí la noche que destrozó el arsenal de la Agencia. Me llamaron para que intentara frenarlo. Estaba fuera de sí. Verlo ahora, sentado en esa silla, con sus gafas y sus manos en los bolsillos…

-¡Señores! ¡Siéntense como puedan, vamos! –chilla el General Velvet que, visto lo visto, actúa como enlace -. ¡Lobezno! ¡Tormenta! ¡Señores… vamos… vamos! ¡Thor, deja de tocarle el pelo a Mística! ¡Cíclope! ¡Tomen asiento, deprisa!

El Capitán América, toma la cabeza del grupo y nos indica nuestros asientos y, quitándole el escudo a una Elektra que lo utiliza de bandeja para servir refrescos, le pregunta al General Velvet qué estamos haciendo exactamente ahí, todos juntos… nosotros, los superhéroes. ¿Algún nuevo malvado? ¿Tan poderoso como para llamarnos a todos?

- ¡Tranquilos, chicos, tranquilos! No hay ningún malvado malicioso que quiera destruir el mundo o dominar a la raza humana… aún, claro –dice el general mientras enciende un habano -. Os hemos hecho llamar porque hoy vamos a asistir a una clase sobre técnicas antiterroristas y de lucha contra el crimen.

- ¿Clases?. La voz de la Masa suena grave en la estancia.

- ¡Sí! ¡Clases! –dice mientras nos miramos extrañados -. Hemos colocado este televisor aquí para que podamos ver novedosas tácticas para desactivar y derrotar a bandas o células terroristas, durmientes o no, sin pegar ni un solo tiro ni puñetazo, con el consiguiente ahorro en la reconstrucción de los desperfectos… eh, Hulk… Y también nos instruirá en difíciles técnicas de persuasión y control mental para poder evitar que los criminales delincan… o dejen de delinquir en caso de hecho consumado… Esto… eh… parece que ya llega la señal… esto… ¿me escucha?...eo, eo… Ministro… ¿está usted ahí?... Señor… Rubalcaba, ¿me escucha?

2 comentarios:

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

JAJAJAJAJJA...
Herep, se me están acabando los adjetivos para calificar tus entradas...¿originalísimo te lo he dicho alguna vez?
Pues te lo repito.
¡Que ironía tan literaria, qué bien escrito y qué contenido tan rico!
Para disfrutar de la lectura, tu blog es mi favorito.
Moltíssimes gràcies per la bona estona i bona nit!
Asun

Herep dijo...

Buenas, Asun
Me alegra que te guste! La foto, que cayó en mis manos y caí en la tentación de comparar.

Un saludo, bloguera!