Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

22 may. 2011

Servicios de Inteligencia


No eran las siete de la mañana cuando sonó el busca. Desde hacía varias noches el insomnio había sido mi compañero de cama, aunque tan embriagadora compañía no había evitado el sobresalto matutino.

Miré la pantallita aún brillante. Comisaría. Pensé que algo importante estaba ocurriendo.

La situación en la Comisaría de Puente de Vallecas era alto tensa y, desde hacía pocos días, flotaba un ambiente algo extraño… de desconfianza... como si se burlasen del cuerpo… o estuvieran traicionando a la policía. Los agentes se reunían en pequeños grupos en la cafetería o en los vestuarios, cuchicheando, siempre en voz baja, a escondidas… intentando no ponerse en el punto de mira de asuntos internos, que restaban acechantes. El Comisario y los Inspectores Jefe tenían los ojos bien abiertos, y no toleraban ninguna desobediencia… ni tan siquiera se permitía la duda.

Transcurridos veinte minutos, me encontraba, rosoplanto, ante las puertas del edificio de la policía. El ambiente, en la misma calle, estaba viciado de la misma calma tensa. Varios agentes con oscuras gafas de sol fumaban cerca de un furgón de los antidisturbios con dos policías de paisano. Estarán poniendo al día a las patrullas con los chismes de la plaza, me dije. Todos queríamos conseguir el máximo posible de información y los cauces habituales no servían en este asunto.

Me acerqué para saludarles y sentir el parte: la concentración estaba aumentando, sobrepasando ampliamente las 5.000 almas. Un problema que habríamos resuelto en varias horas podía ahora transformarse en una batalla campal, con la amenaza de poner patas arriba toda la ciudad.

Las 08:00h. Hora de recibir las instrucciones del día. Y hoy podemos tener sorpresas. A simple vista, se distingue que hay más policías en la Sala de Juntas que agentes patrullando las calles. La mayoría también han recibido la llamada matutina. Pregunto a Horcajo, pero se encoge de hombros. Me comenta que han suspendido los permisos de fin de semana… incluso los extraordinarios.

Se abre la puerta del fondo y entra el Comisario Jefe de la Comisaría, acompañado del Subdirector de la Policía y el Ministro del Interior. Hay un pequeño murmullo entre los policías, rápidamente silenciado. La cosa es importante. Pocas veces he visto aparecer por allí al Comisario Garrido… y al Ministro… en la TV, cuando la veo. Al Subdirector no le conocía… si no hubiera susurrado Josechu su nombre, desde la fila de atrás, ni me doy cuenta.

- Agentes -espetó el comisario- tenemos algo importante que comunicaros. Como sabéis, desde hace unos días nos encontramos con el problema de las concentraciones que se están produciendo en la plaza, pero creo poder deciros que hemos conseguido una ventaja fundamental para cumplir con nuestro trabajo. A continuación, el Ministro del Interior dará más información. Agentes… en pie.

Al unísono, todos los policías afortunados que habían conseguido un asiento, se levantaron de las sillas y se enderezaron los que permanecían de pie. El ministro se acercó al atril y empezó a hablar.

- Agentes, comisario… Estarán al tanto de las manifestaciones que se están produciendo estas fechas. Supongo que también serán conocedores de la decisión del Tribunal Supremo de declarar dichas concentraciones ilegales. Con estos precedentes, la misión de la policía es hacer cumplir la ley… y desalojar a los integrantes de tales actos.

- Señor… perdone, pero… ¿es eso prudente? ¿No hemos dejado que…

- ¿Prudente?... Esto… Bueno… prudente, prudente no lo es… pero no se preocupen. No vamos a desalojar nada... al menos, no ahora... inmediatamente.

El silencio de aquella estancia fue roto por otro murmullo. ¿No iban a desalojar? ¿Y la ley?

- Aquí a mi derecha está el señor Julián Martos, Subdirector de la Policía, jefe de los Servicios de Inteligencia y mano derecha de quien les habla. Después de mucho trabajo de espionaje y contraespionaje, supervisado por el mismo Subdirector Martos desde su oficina en el Ministerio, y tras infiltrar a varios confidentes y topos dentro del movimiento sublevado, podemos decirles que nos hemos hecho con información vital sobre el modo en que se organizan, los objetivos y la jerarquía de la organización. Materia que nos será de gran ayuda para poder realizar las operaciones…

- Perdone de nuevo, señor Ministro, pero… -dijo entre titubeos pero con mirada decidida el capitán García, sentado en primera fila, mientras levantaba la mano y la mirada del comisario Garrido se incrustaba en su frente, con intención de atravesarla -… ¿qué operación? ¿No acaba de decir que no vamos a intervenir? ¿No querrá escurrir el bulto para achacar de dejación de funciones a la Policía?

El Ministro movió sus manos en señal de calma pues los rumores habían vuelto a instalarse en la Sala de Juntas.

- ¡Tranquilos, tranquilos! No se preocupe, capitán… capitán… ¿cuál es su nombre? ¡Apúntelo, comisario! Nadie va a escurrir el bulto pues nadie va ponerse de perfil. Vamos a disolver dicha manifestación, pero sin daños colaterales, ¿entienden? No quiero que abran los informativos con imágenes de cargas policiales, extremadamente dañinas para el Ministerio… y el Gobierno… así que vamos a actuar de forma algo más pasiva, pero igual de contundente. Los hombres de Martos, una vez finalizada la reunión informativa, les harán entrega de un paquete individual donde encontrarán copias de los objetos necesarios para realizar la operación…

… en él encontrarán un poco de droga que hemos tomado prestada de algún depósito policial y que tendrán que ulitizar para ganarse la confianza del enemigo, un pasamontañas con el que camuflar su condición de policías, un bloc de multas, pero sin bolígrafo… que tendrán que traer de casa, una flauta con manual de instrucciones y –mirando al Subdirector –el arma secreta: un simulador de comportamiento, objetivos y tácticas de combate, a modo de juego de consola portátil… por si quieren entrenar mientras van de patrulla…

Silencio mortal en la Sala de Juntas.

- Esto… ¡Perdonen! -apostilló el Ministro -… cuando lleguen al nivel 40, estaremos en condiciones de afrontar el problema… con garantías.

Se frotó las manos, y enfiló la puerta.

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