Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

16 jun. 2017

Libro de buen amor


Ya te lo decía tu madre, progenitor A: «No debes preocuparte, cariño; el amor, tarde más o tarde menos, acabará llamando a tu puerta».
Como en tantas otras ocasiones, no se equivocaba. Nunca lo hizo a la hora de darte un consejo. Para eso las moldeó sabias el hombre moderno, criatura.
Al crecer te pusiste a disfrutar la vida tuya, sin filosofías, tranquilo... algún día llegará... degustando el néctar de las florecillas silvestres, fanfarroneando con los amigos de la infancia, echando el humo de tu cigarro a la cara de la Luna.
Una noche dispersa, sin embargo, al otro lado de la pista de baile, pintarrajeada de un modo diferente a como solía hacerlo cuando os veíais en la clase de antropología en la universidad, lo viste... con su pelo brillante, las formas prietas, esos labios carnosos... y una voz conocida volvió a resonar, huída de un letargo involuntario.
El día señalado había llegado.
Nada volvió a ser igual. Todo supo distinto. La cerveza, los amaneceres frente al mar, el sol achicharrando las pupilas durante una vuelta a casa por carretera. Sin... sin... sin el progenitor B todo se convirtió en banalidad, dilo. En la cola del cine, brincando en los conciertos de fiesta mayor del pueblo, mientras comías pipas tragándote la última de Harry Potter; sin él, sin escuchar su forma de reír, cómose mesaba el pelo con su dulce mano, todo perdía esa fuerza magnética que dominó tu juventud, ahora repudiada.
Al caer la noche, en la calita secreta donde llevabas a tus embriagadas conquistas de ayer, junto al progenitor B, tumbados sobre la arena fresca, lanzarás versos a la Luna.
Versos y besitos de enamorado, progenitor A.
Enamorado que no come el solomillo reducido del hígado del cerdo, que no fía de beber vino, alejado del aroma de un aliño de liar, que viste de pitiminí todos los días incluyendo el domingo, calcado a los modelos de las revistas de corte y confección con las que se entretiene la mancha humana en la sala de espera de la peluquería.
¿Chapa o pintura, qué querrá usted, criatura?
Como te decía no hace tanto tu madre, sobran las preocupaciones.
Es hora de degustar la vida tuya. Sorberla hasta el tuétano, sí, pero en compañía de tu otra mitad, tu medio limón que no amarga, el que te coge de la mano durante los mesiversarios, de camino al hotel de la gran ciudad a la que os habéis escapado este fin de semana, tortolitos del amor moderno; y ahora se aferra a tu brazo, te mira con esos ojos que se hunden en el infinito, tú te zambulles en ellos... te amo, progenitor A; te amo, progenitor B... y selláis el gran pacto con un beso, envidia de los transeúntes que se cruzan con la pareja de tortolitos.
Encadenadas al puente, de rubrica romántica, vuestras compresas manchadas de amor.