Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

19 jun. 2017

Blandeando


Corriendo por el submundo de la red informática mundial, aka WWW, llegó al SI del Ejército de los 12 Monos, no hará ni un par de meses, una curiosa comparativa entre una de las mayores lideresas del feminismo dialéctico del momento, tonta-útil-Beyonce-otro-mundo-es-posible, y un español feucho y bajito que aún hoy copa las cabeceras comerciales de los puestos de casetes de los mercadillos itinerantes que, martes o jueves, brotan como setas en las calles más soleadas de los pueblos de España.
Una, estrellada más brillante del firmamento vanguardista, con una canción de tres oraciones repetidas incesantemente, modo disco rallado, estilo secta comecocos -¿dónde va la gente?, ¿dónde va Vicente?- amparada por un ejército de compositores, editores, productores, traductores y demás sacamantecas de la mercadotecnia global indispensable para lamer el éxito en la actual sociedad pringosa; otro, castizo, con un tema en varias estrofas y estribillo resultón compuesto a lápiz y papel en el asiento de un Seat 124, denostado por faltón, misógino, empedernido fumador de barra de bar y carajillo español alienado de las plurinacionalidades y demás soberanías compartidas.
Hablamos de El Fary, taxista y cantautor.
Hoy hace diez años que anda criando malvas, pero no esperéis recuerdo en demasía por parte de los canales de comunicación que dominan la industria, más preocupados por el virgo de la perra-loba o el rasurado pectoral del julandrón ibérico de nueva hornada.
Todo mandanga, Fary, aunque ésta no se quema ni se lía ni se fuma a propia voluntad en un intento de encontrar una estrella que quizá no exista, sino que está en el aire, flotando como ponzoña invisible, como el amor de la canción, espirada por los arquitectos del infecto buenismo occidental para que sea inspirada por la mancha humana que, prostituyendo el nombre de la democracia en una bacanal de relativismo nihilista, se dejó desterrar la libertad de fumar y la libertad de opinar. Ingeniería moral y cultural que cierra piernas a cal y canto durante el trayecto de Argüelles a Nuevos Ministerios e induce a definirse, en sus perfiles doctos en modernez de mierda, como femimbéciles de barba andrajosa, cejas depiladas y menstruación anhelada.
Tú, a diferencia de los papagayos que recitan pedagogía social a la sombra de la nomenclatura, lejos de esos artistas e intelectuales que oran dogmas en clave de sol y no dudan en tentarse la ropa cuando el redistribuidor de impuestos ajenos del que viven tacha esta palabra de malsonante o censura esa expresión por ser germen de la fascinerosa incitación al odio moderno, ya no tienes cabida en este edén de corrección política.
Lejos quedan los agujeros del casete.
Ahora todo es virtual, falso… todo blandengue. 

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