Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

5 mar. 2017

El alud


Leo en la prensa digital de la era digital de los coches voladores, los exoplanetas a la vuelta de la esquina y la revolución de las máquinas de género neutro que, en el hogar por excelencia de la carne blanda y fría y bizarra, un cuarentón ha muerto aplastado por una avalancha de tropecientas toneladas de revistas de esas que copan el templo laico de las mujeres modernas, liberadas, cincuenta sombras y un fantasma, ¡fuera sostén, vivan las ubres libres!... y, la noticia, en un domingo plácido de esos que anuncian primavera, vermut y confort hogareño, me ha perturbado nivel dos tranquimazin con azucar.
Se lanzaron, monos. Sin trucos. Ninguno. Todo apostado al amarillo asiático.
Querían ver mundo, catar varón, no morir con la tristeza de no haber vivido.
Las mujeres de la mercadotecnia moderna, igualadas al hombre aún siendo su dermis de papel cuché tan diferente a la ruda jeta del varón de mente en el glande, se abalanzaron sobre el hacedor de zambombas sin importarles las consecuencias de su locura. Persiguieron su sueño de una noche de verano, en común, decisión asamblearia, saludando a la audiencia moviendo sus brazos de hojas, ufanas en pro de la esencia del japo a modo y semejanza de los hijos de la pérfida en su tradicional persecución del requesón británico que rueda colina abajo.
Volteretas, media docena de caderas dislocadas, un par de incisivos perdidos entre la marabunta de piernas, uñas de porcelana, teta que en la mano quepa y la maldita casualidad de un liguero convertido en soga, pero, al final, las tropecientas toneladas de carne encuadernada hicieron realidad su deseo abrazando, en mortal cópula, al dichoso japones imprudente.
Ooooo, soldados... ¡nosotros con nuestra Virtudes enganchada con celo en la taquilla del cuartel!
Qué muerte más gozosa, ser sepultado bajo un alud semejante.
El edén del hombre heterosexual, sí.
Gracias por hacernos ver que es posible.
Gracias por este elogio al pene, japo.

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