Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

23 ene. 2017

Mate del pastor


Ni dos días hace que, de doble escopetazo, una pareja de agentes rurales de la plana leridana fue invitada a la autopista hacia el cielo. Fueron a pedirle la documentación al un furtivo que comía su bocadillo tras una zanja y éste, borracho de Call of Duty, los recibió con dos tiros del calibre 12. A la cabeza. Adiós, muy buenas.
Ni dos días, pero el sabio nazionalista de turno no ha dudado en culpar a las fuerzas de ocupación del estado español, quien, hastiado del expolio, ahora también pretende sisarles la vida a lo pobres oprimidos de la nación más antigua del universo.
Que si el pistolero era aficionado a la roja, que si leía al capitán trueno...
El cuento de siempre, versión macabra. Jodienda para mayores.
Después está la horda de cobardes que, con nocturnidad y alevosía -anarquía y cerveza fría-, le han zurrado la badana a una pobre infeliz en la huerta murciana. ¿Su crimen? El facineroso hecho de llevar una pulsera rojigualda. No veas: patadas, puñetazos, una mano desvergonzada agarrándose a un pecho, y ¡a correr, camaradas! No veas, la horda... pero de las camioneras siempre prestas a saltar al menor micromachismo que flote en el aire, a esas, digo, a esas no las verás. Estarán comiendo bollería selecta, o marchando contra Trump.
También podría ser que, conocida su erudición innata, anduvieran indexando el léxico patriarcal de uso común para, tras el éxito del calendario de la universidad mozárabe andaluza, preparar una segunda edición que compita con el del Sr. Pirelli.
Pero sea como fuere, socorriendo a la chica apaleada no las verás.
La TV, por supuesto, a lo suyo... con sus sucesos varios y sus píldoras informativas copando los noticiarios. Fuera de ahí, el pantano pestilente del entretenimiento catódico. Dentro, leída en teleprompter por un joven agraciado que apenas aprobó el graduado, el periodista da paso a los politicuchos españoles, hoy preocupados por la caída del español en la web de la Casa Blanca. Eso es ver la paja en el ojo ajeno y no viga en el propio, aka normalización lingüística en vena en toda taifa que se preste.
Se escucha algo de la corrupción que no cesa,
pero las miradas están en la luz, que no da respiro, y en el temporal de nieve y frío que anticipa el cambio climático de todos los santos que anunciara el climagate. «¡Mira, mira, Guadalupe!¡El mar se traga el paseo marítimo!», y Guadalupe -esta mañana se ha levantado sobria- contempla las palmeras arrasadas, la resaca arrastrando pavimento, y, viéndose en sus años chicos, recuerda que allí no habían bancos, el pavimento era arena fina de playa, tierra salada y baldía, y el terreno hoy recuperado por la mar no era más que agua aún por drenar
Ellos no tienen la culpa: son demasiadas cosas, son muchos los olvidos... pero, por suerte, algún amigo les recordará el negocio de Lemoiz, los huertos solares corroídos por el polvo, las magníficas vacaciones a todo trapo que se regalaban los vecinos de la Muela gracias a los aerogeneradores de fusión nuclear que se levantaron en el término municipal o las bombillas mágicas del ministro Sebastián.
Tantas cosas... tanto esperpento... demasiado aplauso... una gran mancha humana extendiéndose como una negra peste...

Pablo aleja la vista de las piezas, contempla cómo vuela el tiempo, descubre que ha caído en una celada. Visualizó las jugadas y un par de movimientos bastarían para darle el mate al descubierto rey enemigo, pero la partida no se juega en el tablero, sino en los corazones del público, y ahí, monos, entre el fango infecto del sentimentalismo irracional, los grandes maestros carecen de los ardides necesarios para dar un limpio jaque.