Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

14 oct. 2016

¡¡¡Oh, hombre de la pandereta...


... oh, tuno, toca... toca, tuno... dale duro...

Y dándole duro, soplando fuerte y con cien pares de suelas desgastadas en los zapatos, Bob Dylan se ha llevado el Nobel de Literatura, cortesía de los académicos suecos del buen vestir, mejor comer y culito fino. Sucede que el poeta del folk ha cautivado, con sus letras y al son de la armónica, a varias generaciones de la mancha humana, y la aristocracia enmascarada tras la pólvora ha creído conveniente otorgar al hombre de la pandereta, pelele folklórico popular, el galardón que ha de encumbrarlo al trono de Hamelín.
El mono que esto escribe sólo gusta de escuchar su melodía en los días de ardor filosófico, cuando las palabras brotan como torrentes en esta mente divergente y el ritmo constante del hombre de la pandereta las empuja como ráfagas de metralleta hacia el invisible auditorio. La verborrea del tuno, su ir y venir de palabras incomprensibles en un inglés innecesario, la brasa que da con su crítica social del hemisferio norte, y la no-contradicción, y la paz en el mundo que está cambiando, simplemente, se me escapan.
Pero nosotros somos simples monos, un escalón por debajo de la evolución, lejos de los aristócratas suecos de conglomerado y la mancha humana que baila al son del hombre de la pandereta, sea este Bob, el sinvergüenza colombiano, un presidente negro o el gurú que mañana abra la portada del suplemento dominical. Nosotros, cuando se reparten estos premios y se alagan las bondades del tuno que hacía poesía del cortejo, sólo alcanzamos a permanecer en silencio, comer cacahuetes salados y, con los ojos bien abiertos, contemplar el espectáculo al otro lado de los muros de nuestro cuartel.
Ver a los hacedores de mitos tejer los hilos de la araña.
Ver al hombre del señuelo ahogado en la pringue sudorosa de la pandereta.
Ver a la mancha humana despojada de todos sus sentidos alejarse al son de la música hipnótica de la absurda tristeza del hoy que tanto la atormenta.
Y comprender cómo, pandereta mediante, muchos seguirían cualquier cascabeleo.

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Oh, tunante... en la Sala X.

6 comentarios:

Agustin dijo...

Un gran acierto lo del nobel de literatura,para el iconoclasta de Bod Dylan.Lo cual demuestra que los tiempo han cambiado,o no,saludos,

Javier Tellagorri dijo...

Es el Premio para los que NUNCA HAN LEÍDO UN LIBRO. Porque "Literatura" es Arte que emplea como instrumento la palabra escrita, por ejemplo El Quijote. Y lo de ese mozo se parece a tal arte lo mismo que el subirse a un burro con la "ganadería".

Tampoco le podian dar el Nobel de la Música porque lo suyo ni es música ni exiswte Premio a tal Arte.

Creo que debieran de premiar a los académicos suecos con el Premio de las Narco-Canciones mexicanas porque deben de estar todo el tiempo fumando marihuana.

Maribeluca dijo...

Sinceramente, no soy forofa de Dylan pero los hay mucho más cuestionables (tampoco puedo opinar demasiado porque soy una vulgar consumidora de "best-sellers" y ya se sabe lo que opinan los pedantes críticos literarios y presuntos literatos al respective)

Por mi que se lo dieran a Richmal Crompton y a Wodehouse.

Herep dijo...

No comparto el galardón, querido Agustín.... y, si no me equivoco mucho, parece que el agraciado tampoco sale de su asombro, o al menos así lo indica su silencio.
Un saludo.

Herep dijo...

Pues secundo la idea del narcocorrido atronando en el palacio de las eminencias suecas mientras éstas estudiaban a cual de los flautistas de Hamelín colgarle la medalla, don Javier, en lo que, cada día más, se están convirtiendo en unos nuevos premios políticos y, por ende, en mera ingeniería social avanzada. Sin entrar a discutir el sentido de las letras, si a la obra de Bob Dylan le quitas la música que las acompaña, no queda nada. Sus letras serían difíciles de reconocer para la mancha humana.
Un saludo.

Herep dijo...

Por cada Nobel de literatura bien otorgado hay diez que dan vergüenza, y en este caso, sin menospreciar el papel que Dylan ha tenido en el mundo de la música, los académicos han rizado el rizo.
De los escritores que apuntas sólo conozco a Crompton, del que leí mucho siendo pequeño. Ahora, siempre que puedo mantenerme fiel a mis principios, no leo nada de los gurús que copan las listas de ventas. Pura agitación y propaganda escrita, Maribeluca.
Un saludo.