Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

29 jul. 2016

Pasado presente


La bayeta apesta. Lo compruebo al limpiar los  círculos que han dejado los quintos en la barra metálica. Debería pasarle un agua, pero un rápido vistazo basta para certificar que la buena voluntad nada vale frente a un cubo de agua sucia. El Birli debe de estar charlando con alguna de sus amigas, el cabrón. Es el único que se está empezando a escaquear, aunque tampoco veo a las tías que ha traído Manolo. Al principio no veas cómo corrían entre las mesas tomando comandas, pero ahora están desaparecidas en combate.
Hay mucha gente, el concierto se retrasa y la gentuza esta empieza a impacientarse... y beben, y no dejan de beber, y me tienen la barra a todo trapo pidiéndome cerveza helada y bocatas de lomo con queso.
Se me acerca un viejo.
- Eh, tú, chaval... sí, sí, tú, tú.
Chaval, dice... Es bajo, achaparrado, gruesas lentes, boina, camisa y alto de pantalón.
- ¿Qué quiere, jefe? ¿Una caña?
- Yo, de joven, sí que ponía cañas, chaval. Las ponía, y las daba, ¿sabes, chaval? ¡Cañas, cañas! ¡Daba caña de esa, como decías ahora los críos!
- Seguro, jefe, seguro.
Río, o mejor dicho, sonrío con efusividad. A los viejos es mejor seguirles el rollo y tirar para otro lado hasta que se acaban cansando. En todas las verbenas y demás derivados con jaleo en la calle, aparecen. Tarde o temprano, apoyado en la barra, el viejo o la vieja clavarán su inquisitorial mirada en tu espalda... ¡Estos jóvenes! ¡Qué vergüenza, Basilio!... y podrás, pobre desgraciado, darte por emboscado.
Pero este viejo no calla; se ha emperrao.
- Iba con la cabeza bien alta, chaval. Orgulloso, y no teníamos tantas tonterías como las que tenéis ahora... tantos, tantos, tantos aparatitos echando luces y bichitos. Así estáis, con el agua al cuello... pero, chaval, ¿dónde vas? ¡Vente, vente para aquí, que voy a contarte cuatro cosas!
Una rubia pide birra, sonriendo. Orejas puntiagudas. El viejo, sin dejar de hablar de la basura que enseñan en los colegios y universidades, intercepta la posibilidad para, con un bamboleo de caderas, espantar a la chica de un bufido.
- ¡Jefe! ¡No se caliente, hombre! Va, va, dígame qué coño quiere y siéntese en una silla, que aquí hay mucho trabajo.
- ¡No te pongas así, chaval, doma esos nervios! Los jóvenes, ¿sabes?, perdéis toda la fuerza por la boca. En mis tiempos, cuando los años de la guerra, así, así, con estas manos retorcía el cuello de los pollos. Para comerlos, ¿entiendes, chaval? Ahora tenéis carnicerías, verdulerías, y os filetean la ternera y os sirven patatas y lechugas sin que tengáis que doblar el espinazo en el jodido campo.
Habla, y habla, y no calla, el tostón de viejo que me ha caído en suertes. Me ha agarrado del cuello con un abrazo digno de la lucha libre. Está fuerte, el puto anciano. Veo, en su antebrazo, un tatuaje derretido de la legión.
En la barra, la situación ha derivado hacia un descontrol absoluto. La muchedumbre se abalanza de un modo harto preocupante. El campo de batalla ha caído merced al escaqueo total de las amigas del mierda de Manolo, pero el Birli ha aparecido, ¡gracias!, y aunque lo está sudando poniendo jarras a porrón, deben ser las dos o las tres de la madrugada y va con las gafas de sol puestas. Entre caña y caña se marca unos bailoteos al ritmo de las guitarras que rompen desde el escenario. Va pedo, no hay duda. El caos se desborda...
¡Tiene usted razón, jefe! ¡Tiene usted razón!
... pero el viejo no me suelta, obstinado, contándome su vida desde la cuna hasta la barra, paso a paso, caña a caña, diseccionando una vida vivida, emperrao en hacerme engullir una broma absurda del ciclo vital de leones o huevones.
- ¿Aguantar, chaval? ¿Vosotros? ¡Nosotros sí que aguantamos!... hasta que se rompió la cuerda. ¿Pero vosotros? ¡Si estáis atontolinaos! Cuatro lucecitas, cuatro migajitas y ya ahuecando el ala, mequetrefes. ¡Una guerra, chaval! ¡Con estas manos! Y dos más para acabar de vaciar el estómago, por no hablar de quienes se escondían en los bosques para volver a traerla, o de los mierdas que desde los países extranjeros nos insultaban con sus mentiras para avergonzarnos ante el mundo. La cabeza alta, chaval, y no dejábamos pasar una de la que pudiéramos resarcirnos.
Con un estruendo, la barra cede.
Cuatro melenudos de veinte años van detrás, espatarrados por el suelo. También cae la grupi de la camiseta de la gira del 2014 que comía un bocata de longaniza con papas fritas. Roto el dique, la océano de clientes se desborda como un torrente, y del chiringuito que teníamos montado, maremoto creciente, no queda ni el recuerdo. El Birli clama auxilio bajo hectolitros de gentuza en avalancha, las amigas de Manolo son unas japutas y un quinqui que hasta hace un segundo parecía abducido por la marihuana acaba de salir con la caja registradora bajo el brazo.
Yo lo veo todo desde la distancia. Veo, porque no oigo...
... ya que sigo preso del viejo enajenado que me habla agarrado a mi antebrazo, cerca, muy cerca, diciendo algo acerca de tener sangre en las venas, dignidad ante el agravio, valor frente a pretenden nuestra derrota... susurros al oído, una larga lista, que el viejo parece conocer de memoria. Hay que escupirse en las manos, chaval, dice el viejo, pero soy incapaz de dar significado a unas palabras que chocan inocentemente contra la barrera de la distracción de una noche de música y alcohol.  
Es un largo discurso para el que ensayó una vida entera, pero su tiempo pasado se está atragantado en mi realidad presente.
Hoy no era el día.  
Esta noche tenía una barra del concierto.
Madre mía...

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... bueno, al menos la música sigue sonando en la Sala X.
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¿Os hace gracia el viejo, chavales? Pues tranquilos, que heroína  Colau os arreglará el cuerpo, veréis. 

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