Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

3 jul. 2016

Las sobras y los perros


Ayer tuvimos jornada de puertas abiertas en el Cuartel General.
Durante todo el día, muchas personas que dejaron de ser desconocidas a medida que iban pasando las horas y las presentaciones, pudieron desfrutar de las instalaciones de las que gozamos en esta milicia clandestina de monos venidos a más. Para los críos alquilamos inflables y un par de payasos de los de antes, esos que visten como Pennywise, pero sin dientes afilados.
Llenar de agua la piscina también fue un acierto, convendría decir. Fue un caluroso día de Julio, cambio climático mediante. Treinta y pocos grados, lo nunca visto en el litoral mediterráneo desde la gran caída del pedrusco que volatilizó a los dinosaurios.
Hicimos paella marinera. Mono Ferrán le tiene agarrado el punto. Recibió muchas felicitaciones y, según confesó al finalizar la noche, cuando reposábamos del largo día degustando un cubalibre a la fresca de la medianoche, había tenido que espartar a un par de adolescentes que le habían estado atosigando para que les confesara la receta.
De quién eran hijas, el zalamero, no quiso decírmelo.
En el Ejército de los 12 Monos no somos de los que dejan comida en el plato, y como nuestro estrellado cocinillas es más de práctica que de teórica a la hora de ajustar las medidas de los ingredientes, el sobrante que no quisieron llevarse los invitados al partir lo he echado a los perros callejeros que pululan por los alrededores del cuartel.
De regreso, he vuelto la vista a los contenedores para observar a los canes husmear la pasta de arroz, lamer la cabeza de las gambas, mover el rabo en lo que he querido creer un gesto de agradecimiento...
... y, sonriendo, me ha venido a la cabeza lo fieles que son los perros, y la podredumbre infinita que anida en el corazón espurio de los jerifaltes de Greenpeace, ese grupúsculo que acude raudo cuando la cámara del fotógrafo a sueldo enfoca hacia la bóveda de central nuclear que ha de ser violada pero que permanece en silencio ante lo bloques de hormigón lanzados en aguas gibraltareñas.
Un perro cosido a pulgas lamía arroz dichoso, y mi pensamiento ha buscado refugio en la carta que los científicos han remitido a los matarifes de la paz verde... y corazón rojo... donde se cantan las verdades del barquero, o del banquero, o del petrolero que financia al ejército que blanquea los sueños de los sátrapas ecológicos de salón mediante varios millones de financiación al año.
En ella, negro sobre blanco, el testimonio del gran engaño, la sempiterna vendetta de los miserables, la sentencia a muerte de los desfavorecidos disfrazada con los fastuosos ropajes de la pachamama, el multiculturalismo del verano del amor fraternal o la primavera silenciada de malaria y la adoración del dios vegano, ducho en botulismo, desnutrición y maltusianismo filosófico.
Un perro me ha mirado. Ojalá pudiera hablar, parecían indicar sus ojos. Te agradecería este arroz pastoso que reconfortará mi estómago.
Ojalá pudiera hablar, he pensado yo.
Hay perros que son más nobles que los hombres.

2 comentarios:

Agustin dijo...

Un bonito relato de un caluroso dia de Julio,para mi faltaba algo de sangria en la mesa.Sobre los infelises perros lo has bordado,un abrazo,

Herep dijo...

Me alegra que te haya entretenido, Agustín.
Un abrazo.