Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

23 feb. 2016

Romántico desenfrenado


El cabo Verón es un soldado de postín, de brillantes galones y expediente impoluto que destaca con luz propia en esta milicia clandestina de apenas una docena de paranoicos fugados del manicomio más olvidado de lo que antaño fue una gran nación; todo en él es amabilidad y entereza, predisposición y valor...
... valor que hogaño, entre la sociedad correcta y preparada que se pasea fuera de los muros del frenopático en el que nos pretendían enterrar en vida, es visto como un síntoma de la enfermedad decadente que nos tiene sequita la mollera, absorbido el seso, pensamiento arcaico y reaccionario, no políticamente correcto, señora, su hijo no va bien de aquí arriba, ¿comprende?, y los padres lloran ante la congoja del pequeño, y su madre le da un beso, una caricia, montan en el coche y se alejan del triste edificio de época en cuyas celdas cuelgan camisas de fuerza y mil sueños arrancados.
Una plaga, el valor, reservada para esquizofrénicos... diagnosticada para nosotros, Monos, meros hombres venidos a más.
El cabo Verón, soldado de postín, ha recibido una carta. Una carta breve, unos pocos párrafos a doble espacio, suficiente para abrir una herida allí donde el plomo y la metralla tan solo hizo suaves caricias.
Apenas nos ha leído dos líneas... no es mi intención hacerte daño, lo superarás con el tiempo, fue bonito y te quise tanto... pero, ahora he cambiado... nuestro amor, romántico, es una rémora del patriarcado más rancio... y el cabo Verón, mi amigo, no pudo seguir, ahogado por las silentes lágrimas y el incipiente sollozo.
Se marchó a su litera, donde todavía sigue, supongo que pensando en la nausea que cae como llovizna en estos tiempos modernos nuestros, nausea que todo lo impregna y cubre con su película vergonzante y maniquea de amores modernos desligados del machismo imperante que denuncian las féminas de mal ver, aunque tampoco me extrañaría que esté construyendo castillos en la niebla, imaginando una llamada telefónica de la amada suplicando un perdón que nunca ha de llegar, secuestrado por la horda del igualitarismo marxista-feminista que alumbró la primavera francesa en la que se liberó del tabú la princesita del cuento infantil, hoy convertida en bucanera de fusta, dildo y escupidera en el bolso.
Yo he abierto una cerveza añeja, lié el cigarrillo de la filosofía y, entre humo, he recordado los años mozos del amor romántico, las fotos de las novietas, los planes que se colaron entre los agujeros del pantalón perdiéndose en los recovecos del camino...
¿es un sueño una mentira si no se cumple, o es algo peor, Bruce?
... y las lágrimas vertidas que desolaron mi corazón al modo incahuasí.
Oh, el valor de los soldados y el amor romántico de los hombres...
... ¡O tempora, o mores!...

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Bruce, desde la Sala X, en plan romántico.

1 comentario:

Blogger dijo...

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