Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

14 dic. 2015

De la infancia


Maniobras en la sierra, Monos.
Barrigazos... el potro... saltar a la comba... chuletón de kilo para cenar y dos o tres lingotazos para hacer hueco a tanto exceso navideño. Los tiempos están cambiando, nos hacemos mayores, la resaca es pesada, la infancia está por doquier, rodeándonos.
Pero, sea como fuere, me da para escribir cuatro líneas, y las quiero coronar con la imagen de un malo entre los malos, Beelzebub hecho carne -el actor también, obvio decirlo-, conocido con el nombre de Anton Chigurh. Cuando él aparece en escena, algo malo va a suceder, un crimen, un asesinato, crueldad indomable. De rostro impasible y palabra escueta, el universo de la Bestia gira a su alrededor. Si te cruzas en su camino, ya sabes a qué atenerte...
... porque no duda, es rápido desenfundando y siempre va de frente.
Otros, en cambio, son más proclives a colgarse de la chepa, hacer presión hacia abajo y, de certera estocada, socavarte hasta el vestíbulo del Hades, hogar de las tinieblas y las inconsolables almas en pena que por allí deambulan suplicando clemencia.
Hará unos días, mientras mis doce y yo nos descolgábamos en tirolina, un bombazo y varios tiroteos se llevaron por delante a dos maderos españoles que servían en Kabul, patria de los señores de la guerra, el opio a escala mundial y el rancio olor del sudor talibán. Unos metros hacia acá, dos pasitos hacia adelante, durante unas nueve horas... nueve horas... las balas surcaron los cielos españoles que circundan la embajada de España. Llegaron, al final, un par de comandos de operaciones especiales useños y holandeses a poner orden en el caos, y el resultado, como hemos de lamentar, vino a traernos dos soldados de los tercios españoles caídos en combate. Un destino peligroso, todos lo sabíamos; una muerte honorable, la mejor para un soldado.
Allí estaba el cabrón de Chigurh, el rostro pétreo de la muerte, de frente.
A la espalda, don Mariano Rajoy Brey, el Iluminado, quien, raudo, entonó el "tranquilo, majete, en tu sillón", sacudiéndose toda responsabilidad de encima. No ha sido contra nosotros, vomitó en pleno mitin electoral, aterrado ante la posibilidad de una repetición de la pesadilla de aquel Marzo de tan nefasto recuerdo para muchos españoles, y como el que se seca el sudor de la frente, así el Aquiles de Pontevedra se zafó de la Cruzada que amenaza a Occidente. Diréis que fue una reacción en caliente, y yo os contestaré que también con estas se alimenta el carácter de los hombres, y el Iluminado, siendo Presidente del Reino de España, debería serlo más hombre que ninguno, el primero de nosotros... pero no lo es. No descubro nada, no me entretendré más con el humo de su propia miseria, en un par de días toca epitafio.
Porque hay otra garrapata asestando la puñalada trapera, jovencita y modosa, cara de santurrón, jersey liso y claro, gafas fetén, ladina ponzoña de rata, eau de Lime, hacedora de sepulcros, y atiende al nombre de Íñigo, el hijo de la Paca, la estibadora que trabaja en el puerto, el zagal que ahora está en la universidad cobrando una beca por no hacer nada, ¡y viva el vino, que también enchufó al que le dio la beca!
Todos hemos conocido a alguien así en nuestras vidas. Un listillo, un embaucador que habla rápido, miente fino, utiliza científicas palabras que no entiende ni él pero que engañan, disfrazan y convencen. El arte de la tergiversación es su don más preciado, capaz de vender submarinos a las abuelas, desvirgar a las doncellas más puras y dibujar el reino de Oz más allá del multicolor arcoiris del soñar lo imposible. Adulador de orejas, encantador de serpientes, detrás de su mascara no hay más que el totalitarismo marxistoide de su camarada el de La Cabaña. Ese es su edén, y eso anhela realizar en esta tierra abandonada por la razón y que se funde bajo las premisas de la instrucción publica del ideario gramsciano.
En mis tiempos, a los chicos como este lacayo que se atreve a difamar e insultar a quienes dan su vida por España como valientes... siempre de cara...  los inflaban a collejas llegada la hora del recreo. En la mili, ración doble de taquilla. Hoy, sin embargo, los tiempos han cambiado al son del acoso escolar, la rastrera ley del menor y la infantilización masiva que emana de las piedras de resentimiento con las que nuestros líderes presentes han cargado los bolsillos de los españoles. Mierdas como él pueden llegar a la vicepresidencia del gobierno, codearse con la reina del baile de fin de curso y moldear, a su antojo, una Historia de España interminable.
Todo entre aplausos y ríos de dinero público.
No, no es país este, no.