Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

15 ago. 2015

Odiseas modernas


El pasado Sant Jordi me trajo un libro bajo el brazo. Hacía tiempo que nadie me regalaba nada, supongo que debido a mi animadversión hacia los regalos y las sorpresas.
Sucede que, un servidor, es muy suyo.
Diario de Ulises Z, de J.C. Ibarz, un conocido del primo del cuñado de Mono Santa.
Un libro de zombis,
seres venidos del averno,
muertos que comen el cerebro de los vivos,
eternamente, por los siglos de los siglos.
Trescientas y pico páginas de odisea moderna, sencillo, sin grandes alardes, entretenido, ágil y con dos o tres momentos de esos que te hacen parar, volver atrás y releer unos párrafos que cautivan tu atención mediante una idea nueva, una reflexión refrescante, un soplo de aire libre de calima. Una lectura veraniega que, debido al tema tratado, saltó cien posiciones en mi lista de lecturas pendientes, colocándose a mi vera, provocándome con sus curvas y esos morritos carnosos, largas noches en vela, sonidos inquietantes, ir y venir de hachas y lenguaje duro para tiempos de cólera.
En el Cuartel General, monos, el tema zombi siempre dio mucho juego. Se ha debatido varias veces el trasfondo en la Sala X, aunque jamás hemos llegado a transcribir informes y elaborar planes de contingencia como hizo en su momento la NSA del Presidente del Nóbel de la Paz (del cementerio), café corto de leche Obama. El Ejército de los 12 Monos, como no tiene el Sintel que "lo sabe todo de todos", debe conformarse instruyéndose mediante las rápidas páginas de los cómics y la infinidad de películas (serie B-Z inclusive) que forman el catálogo inmenso del fenómeno apocalíptico.
Sólo un libro leí, nada más que uno: World War Z, de Max Brooks. Magnífico, inspirador.
Es curioso el universo que se abre después de la Negra Parca, monos. El misterio que se oculta tras la caída del telón da para un sinfín de conjeturas e hipótesis, construye religiones, desafía las leyes de la ciencia y, como meros simios venidos a más que somos, hace volar la imaginación hasta niveles insospechados.
Y es el universo de los muertos vivientes... los caminantes eternos... el que más ríos de tinta y fotogramas de celuloide hace correr entre quienes quedan a este lado del torrente de muerte, destrucción y miseria que caracteriza el panorama que ha de venir después de que la cepa biológica infernal interrumpa el sueño tranquilo de los difuntos. Insolidaridad, desidia, canibalismo antropomórfico, miseria moral, filosofía de supervivencia, soledad envolvente, desconfianza... y prisa, mucha prisa y necesidad de correr en busca de un refugio en el que sentirnos a salvo de una sociedad moribunda que se desmorona.
Huir de un Mundo Raro... quizá como este que transitamos.
Hete aquí la última pieza del puzzle, soldados: aquel, el temido, no tiene nada que envidiar a este mundo nuestro, aterrador, donde el mal campa a sus anchas sin que nadie le preste la atención adecuada, confundiéndolo interesadamente con caprichos de la sociedad capitalista actual, hacedora de envidias, corruptelas y pecados originales. Los caminantes son el reflejo de la masa devoradora de seseras, deshumanizada y alienada, ajena al ideal cultural marxista y entregada a la especulación, el egoísmo y la soberbia.
Estas historias para no dormir suelen dejar un resquicio a la esperanza, un halo de alegría envolviendo al héroe clásico, una imagen que indica la senda que nos pasa desapercibida, las palabras veladas que despiertan la ilusión por un porvenir mejor después de la tocata y fuga divina, y es ahí, en ese instante de ensanchamiento pasional y sentimentaloide, cuando el hombre nuevo ha de bajar de la montaña y construir el "otro mundo es posible" que pregonan los libros firmados por los adoradores gramscianos. Porque debéis saber que aunque los muertos no anden y los vivos babeen víctimas de la pobreza de sus espíritus como cadáveres resucitados, la moraleja última de la salvación es la consecución de la sociedad nueva, democrática y liberada que proclama, a viva voz, el Gran Inquisidor: sociedad de siervos, sociedad de esclavos, sociedad de iguales, sociedad de zombis. ¿Libertad? ¿Libertad para qué, Monos?
La Esperanza del buen salvaje pernocta alejada de los muros de nuestro Cuartel General, desterrada por falsaria, y allí en su refugio de campaña, no son muertos vivientes quienes la acechan, sino lobos.

Lobos que son hombres.