Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

10 jul. 2015

Miradas


Hay que joderse, Monos...
Entramos en esos tres días de Julio que conmocionaron a España, dicen. Los días de la infamia, recuerdan las cabeceras de los medios de comunicación, los días en que el pueblo habló en la calle, con sus manos blancas, con sus gritos y sus lazos bien visibles en la solapa del traje bueno, el de los domingos, el traje serio.
Aquellos lejanos días, hoy, se antojan soñados, irreales, mera ficción...
... ficción como la que ha venido a mi mente mientras pensaba qué podía decir de Miguel Ángel Blanco que no hayamos pregonado ya a los cuatro puntos cardinales de nuestra patria.

¿Valentía? Toda.
¿Rabia? Infinita.
¿Justicia? Talión.

Buscando la fotografía me he cruzado con la mirada del concejal durante el pleno en Ermua. Todos la tenemos en algún rincón de la memoria, pero esta vez me he quedado petrificado.
Quizá no debería escribir yo...
... quizá debería dejarle hablar a él... que sus ojos hablen y os digan, como han hecho conmigo, el hastío de tanta hipocresía, tanto homenaje publicitario y tanto silencio cómplice.

- ¿Otra vez, tío? ¿Otro año más venís a darme la brasa? Sí, sí... la gratitud, la fuerza del pueblo, la barbarie asesina y la que más me gusta: ellos no ganarán, tu muerte no quedará en nada, la democracia vencerá. Miradme a los ojos: mamandurrias de culito fino. Quienes me ejecutaron pasean libres por las calles, tienen sueldos a cargo del erario público, son vocales de las Comisiones de Derechos Humanos, enseñan en las guarderías y las "madrasas nazionalistas" y gozan de toda la protección del Estado de Deshecho que trajo el complejo psiquiátrico del postfranquismo democrático, garantía para el asesino, ponzoña para la víctima, la justicia y la verdad. No me vengáis ahora con mierdas, cobardes, e id... id... id a abrazaros con vuestros amiguitos chistosos a los revolucionarios chekistas, hacedores de la paz de los cementerios. Ellos os quieren mucho, ¿sabéis? 
Tanto que incluso os perdonan la vida. 

Quería escribir cuatro letras, pero esos ojos me desangran por dentro.

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