Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

16 dic. 2012

Brujerías



- Sí… correcto… tenemos otra llamada. A ver, ¿buenas noches?

- ¿Lucio?... ¿Hola, hay alguien ahí? ¿Me escuchan? ¿Lucio? ¿Lucio Rey?

- Caballero, sí, caballero. Estamos…

- ¿Hola? ¿Hay alguien? Buenas… ¿Lucio?

- Le escucho, caballero, le escucho… está hablando con Rey, Lucio Rey, sí…

- ¿Lucio? ¿Eres tú? Me ha parecido que… la señorita de la centralita… no… no he reconocido tu voz, Lucio.

- Pues sí, caballero. Está hablando con Lucio Rey, en directo, en antena. Pero… su voz, ¿le conozco?

- ¡Claro, Lucio! ¡Soy don Jordi! ¿No me recuerdas?

- ¡Hombre, Jordi! Sí, claro… Cómo no acordarme de usted, ExcelExcel… el Excelentísim, ¿no? Uno de mis más fieles seguidores. Pero, ¿cuánto tiempo hacía que no hablábamos, don Jordi?

- Un par de meses, creo. Desde que Marta perdió las servilletas de ganchillo que su madre le dejó en herencia, si no recuerdo mal. ¡Qué sofoco, Lucio! ¡Qué mujer! No veas cómo se puso, maldiciendo al servicio de la torre de la Costa Brava… Que si sudaca por aquí, andaluz por allá… Es todo un genio, esta mujer. Así vive tanto y está tan sana.

- ¡Qué suerte tiene, Don Jordi! Ya sabe lo que dicen, “detrás de todo gran hombre hay una gran mujer”. Y dígame, ¿qué nuevas trae? ¿Busca trabajo? ¿Alguna enfermedad?

- No, no. Esta vez es por…

- Huy, huy. No corra tanto, no corra tanto. Aquí en la bola veo como unas olas y mucha arena… ¿una playa, quizás? ¿Se va de vacaciones, don Jordi? ¿Un viajecito a la playa estas Navidades, Excelentísim?

- ¿A la playa? No, Lucio, no. Usted debe estar viendo a mi hijo, allí en México, regentando el complejo hotelero. ¡Ese sí que sabe vivir bien, el muy pillín! Todo el día rodeado de mulatas, mojitos, agua cristalina… ¡langostas, Lucio! Sí, sí, aquí también las hay, sí… las del Restaurante de Quim, allí en Roses… buenas y regaladas, Lucio… pero no es lo mismo. En el Caribe son el doble de grandes… así, de tres palmos… ¡riquísimas!

- Las veo, don Jordi, las veo. Mire, cierro los ojos… y me aparecen ante mí, moviendo las patitas así… tic-tac-tic-tic-tac... abriendo y cerrando las pinzas. ¡Son grandes, sí señor! Qué bien van los negocios de la prole, don Jordi… veo, veo… al otro también, ¿no? Se me presenta un mamífero marino… sigo viendo el mar y algo que surca las aguas a toda velocidad, en libertad…

- Será Oriolet, el delfín. También está bien colocado, también. Un poco a la sombra del pelele, pero a punto para cuando se inicie la carrera.

- ¡Ve! ¡La carrera! Las visiones nunca fallan, señores. La mente de Lucio está siempre conectada con el más allá… ¡Divino Don de los espíritus ancestrales incas, mayas, aztecas, egipcios y de Nabucodonosor II! Ja… Ríanse ustedes de los incrédulos, señores, porque de ellos no será el Reino de los Cielos. Soy Lucio, y he dicho.

- ¿Perdone?

- Tranquilo, Excelentísim. Tocaba cuña. Hablo para esos que no creen. Compruébenlo. Llamen. Marquen el 906… 906… mmmm… ahí abajo, mírenlo ahí abajo y llamen, atrévanse. Comprueben cómo Lucio no se equivoca jamás. ¿Un mamífero surcando las aguas a toda velocidad? ¿Imposible? Ja… oigan la palabra sagrada del Excelentísim, cuyo hijo, delfín del Reino, está en sus marcas, preparado para la victoria.

- Increíble, Lucio. Usted tiene un don.

- Gracias, don Jordi. Me reconfortan los halagos cuando provienen de una persona tan íntegra y sabia como vos. Llamen, señores, llamen. Pero… espere, Excelentísim, espere… mmmm… veo… ¡rápido, Bienaventurada, las cartas! A ver… veamos… ¡sí, don Jordi, sí! Lo dicen las cartas… unos cuervos negros. ¡Veo cuervos negros, don Jordi!

- ¿Cuervos negros? ¡Santa Moreneta del amor hermoso! ¿Qué son? ¿Qué hacen? ¿Me pican?

- Tranquilo, tranquilo, don Jordi. No le pican, pero revolotean a su alrededor como una bandada de buitres al acecho. Negros. Negro azabache aunque… parece… algo brilla en sus pechos… parece, no  estoy seguro, ¿una estrella?...

- ¿Una estrella? ¿Dorada? ¡Seguro que son los carroñeros de la fiscalía!

- ¡Sí! ¡Ahora lo veo! ¡Claro como el agua, Excelentísim! ¡Son policías, jueces y fiscales, don Jordi! Esperan a que caiga para lanzarse sobre usted y devorarle las entrañas, malas bestias. ¡Son el demonio! ¡Aléjese de ellos, caballero! No le quieren ningún bien, esa chusma.

- Seguiré su consejo, Lucio, sí señor, pero… bueno, quizá sí que últimamente todos esos… todos esos cuervos bastardos revolotean más a mí alrededor… pero eso está más o menos controlado. Uno tiene amistades, sabe. Son muchos años, Lucio. Mucha experiencia. Casi tanta como usted con sus bolas, sus cartas y sus… ¿sus conexiones?

- … veo, veo… ¿puede… un cuervo rosa?

- ¡Botifler de merda fastigós! ¡El traidor de la Rosa! ¡Maldito bastardo!

- ¿Es así, Excelentísim? ¿Existe ese “cuervo rosa”?

- Existe, Lucio, existe. Un miserable al que creí amigo mío pero que ahora, a las primeras de cambio, me traiciona con la intención de venderme a los demás cuervos negros que ve en las cartas. ¡Malditos todos! Pero no podrán conmigo, Lucio. Nadie puede con el Excelentísim, Amo y señor de la Patria catalana. ¡Que lo intenten, si se atreven! ¡Que lo intenten si quieren vérselas con todo un pueblo echado a la calle en mi defensa!

- Mis predicciones son siempre certeras, don Jordi. ¿Veo un delfín? Hay un delfín. ¿Veo una langosta monstruosa? Existe dicha langosta. ¿Un cuervo rosa? Cuervo rosa. Yo soy Lucio Rey, el auténtico, el incomparable, el ungido por la mano de Dios. Pero mi don no alcanza a ver las calles repletas de súbditos prestos a defenderle vertiendo su sangre, Excelentísim. No. Eso no lo veo.

- Ni lo verás, Lucio, amigo mío. Eso no sucederá jamás. Ya le he dicho que soy intocable. Como un padre para sus hijos. No. Nada de eso me preocupa, Lucio. Està tot lligat, i ben lligat.

- ¿Entonces, don Jordi? El motivo de su llamada… ¿si no es la salud, el dinero ni el trabajo? Ya me dijo que la familia está bien, y los pequeños problemas parece que los tiene resueltos… ¿las servilletas de ganchillo, otra vez?

- No, no, Lucio, no. Eso está localizado y bien guardado. Marta se encargó de ello la otra vez. Ahora… me avergüenza reconocerlo, la verdad… pero… la edad, Lucio, la edad… Resulta que tengo unas, ¿cómo lo diría?... Tengo unos asuntillos en Suiza, con unas claves, ¿sabes?... unas contraseñas encriptadas… y las he olvidado.

- ¿Unos números?

- Exacto, Lucio.

- ¡No hay que preocuparse, Excelentísim! ¡Eso es lo mío! Los números. Ja. ¡Quién mejor que yo para aconsejarle con los números! Veamos… ¡Bienaventurada, trae los huesos de pollo, rápido!... mmm… Excelentísim.

- ¿Qué, Lucio? ¿Ves algo en los huesos?

- Por supuesto, don Jordi, pero necesitaré un rato más. Muchos números, y cifrados, ¿no? Es más complicado. ¡Estos suizos, más complicados que un reloj!

- No se preocupe, Lucio Rey. Tómese todo el tiempo del mundo. La llamada me sale gratis total.

- Adelante entonces, Excelentísim. Adentrémonos en las tinieblas de lo sobrenatural.



4 comentarios:

Candela dijo...

No se si clasificarlo como "El duende del hogar", el chico está ya un poco machonguillo y el padre ni con formol. Ya nos contará desde el infierno cómo mola ser el más rico del cementerio.

Agustin dijo...

Hoy nos ha metido de sopeton al Señor de los anillos,o mejor seria al ladron de los anillos,vaya familia ni Al Capone le puede igualar,un saludo y feliz navidad,

Herep dijo...

Seguro que han comprado una buena plaza en la otra vida, Candela. Con vistas a las costas mexicanas o a los Alpes suizos.

Un abrazo.

Herep dijo...

Treinta años dan para mucho, Agustín. el Oasis empieza a desmoronarse como sucedió con el Carmelo, ese barrio que, un buen día, desapareció sin que los medios de comunicación catalanes se dieran cuenta.

Un saludo, neozelandés.