Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

2 nov. 2012

(Sin título)



Al sentarme hoy delante de este papel en blanco no tenía intención de escribir sobre los acontecimientos ocurridos el pasado miércoles noche en el Madrid Arena. Tenía perfilada una historieta de aviones, instructores y aprendices que, a lomos de una destartalada cafetera aérea española, se estrellaban en un perdido paraje de la meseta extremeña. Típico y tópico entre unas fuerzas armadas que, a cañonazo de desidia y menosprecio, van hundiéndose en una ciénaga ajenas a su eterna leyenda.

Banalidades, como podréis observar.

Al final, pobre pecador, he sucumbido a la cruda y dura realidad. Tres miradas han sesgado las alas de la imaginación y, como suele ser habitual en estos casos, un sonoro bofetón ha vuelto a colocar las cosas en su sitio.

Los pies, anclados al firme con fuerza.

Divagaba hace unos días sobre la infantilización de nuestra sociedad moderna post Muro de Berlín. Esa sociedad experta en la relativización de la lucha entre el Bien y el Mal, eterna e infinita, que siempre estuvo ahí y que, a nuestra muerte, seguirá su senda por la larga noche de los Tiempos sin voltearse ni tan siquiera para obsequiarnos con una postrera mirada. Una sociedad bien acostumbrada y mejor educada por esos “pastores” profanos que, tan sólo haciendo sonar el silbato, tienen a todo el rebaño formado y en perfecto estado de revista.

A veces es la escopeta de un amante desgraciado. Otras ocasiones vienen marcadas por macabros adolescentes armados con latas de gasolina que, cobardes ante los castillos, prefieren asediar discapacitadas mentales. Y luego, una mañana de un jueves cualquiera, nos sorprende la muerte, a los pies de los caballos, de tres (quizá cinco) adolescentes de apenas 18 años.

Algunas noches, al amparo del fuego de la Sala X, todos nosotros entablamos conversaciones apasionantes en las que, casi siempre, el factor común es la idea del Apocalipsis, el Juicio Final y su Condena inquebrantable. El borrón… y la cuenta nueva. Discutimos y apostamos intentando averiguar cuándo caerá el meteorito, en qué océano se erguirá el gran Tsunami, qué alucinado pulsará el botón rojo de la autodestrucción… Discusiones basadas en literatura, en ensayos científicos, en charlas en la cola de la carnicería, documentales en 8 milímetros, confidencias del MI6 garabateadas en servilletas de establecimiento de comida rápida…

… y cine.

El Séptimo Arte ha reflejado sobradamente cómo puede ser este último acto de la función de la Humanidad. Existe un inmenso catálogo de películas que muestran el ocaso. Para todos los gustos y de todos los colores, pero entre ellas hay un género que, adjetivado con el sobrenombre de “ciencia ficción”, caló, en su día, muy a fondo en las conciencias de los Monos de nuestro ejército. Instantáneamente cruzan mi mente multitud de títulos hollywoodienses e infinidad de películas de animación japonesa que, reflejando un futuro no muy lejano, presentan una sociedad con un único punto en común: la desestructuración, o Caos.

Por las calles, en las plazas, en los edificios administrativos… Cualquier lugar es bueno para el robo, la violación, la corrupción, el escarnio, el asesinato… Hombres y mujeres enfundados en negros trajes, con pendientes, tatuajes, pelos a lo punk, a lo deathpunk, a lo ultrasexypunk... Drogas en polvo, liquidas, cápsulas, en cuchara vía intravenosa. Gramos postureados en pedazos de bolsa del Carrefour, marihuana en un chivato de Camel. Sexo en el portal, en el rellano, en el recibidor del colegio mayor.

Depravación en el Seven Eleven, abierto 24 horas.

Esa es la sociedad que nos presenta el futuro apocalíptico. Una sociedad que, abandonada en su búsqueda, se deja mecer por el ir y venir del viento, ese omnipresente “amo de todo”. El Hombre, aquejado de migraña, ha abandonado su enriquecimiento personal e individual. Y ese abandono, Monos, repercute en una sociedad falta de originalidad y anchura de miras. No puede ofrecerse aquello que no se tiene. Hoy, el Hombre, no tiene nada. Nada esperéis de él. No perdáis el tiempo. No os dejéis convencer por aquellos que, conocedores de la Gran Mentira, intentarán embriagaros con dulces caldos. Os agasajarán indicándoos el camino, la senda de baldosas amarillas… el trayecto hacia el Reino de Oz… Pero nada de eso es cierto. Cuando hablan de “libertad”, deberían emplear el vocablo “libertinaje”.

Son listos, quienes mueven los hilos. Muy listos. Extirpando de la libertad todo tipo de responsabilidad, atan de pies y manos al rebaño que, ante la más ínfima duda existencial, recurrirá presto a las faldas de la Gran Ramera, la adoraran como protectora omnipresente y, con dos velas negras, entregarán sus almas a aquellos que, de tanto frotarse las manos, han perdido hasta el último pellejo.

Esas sociedades son las que muestran las películas apocalípticas de futuro incierto.

Pero, Monos, no os descubro nada si os digo que, esas sociedades, son presente de indicativo.

La verdad está ahí fuera. Asomando la cabeza por la ventana. En los reservados de las discotecas que, día a día, visitan nuestros hijos. El Cuartel General está libre de niños, pero yo… Comandante en Jefe… acabo de llegar ahora mismo, tras encenderse las luces de la pista principal. Y lo he visto, junto a mí, junto a todos los de mi generación. No es nada nuevo. Y la droga corría entre los pies, y el alcohol brotaba de las fuentes y, en muchas guanteras, pronto desapareció la sorpresa al descubrir una pistola. Las peleas eran juegos de patio de recreo y algunas noches, en la estancia, había mil almas más que en el propio averno.

Eso era ayer. Hoy, asumiendo la divina condena de aquel que, a fuerza de perder el tiempo leyendo letras comprende qué bienestar social ofrece la ignorancia, puedo decir, sin sonrojarme, que la noche española era un jardín de infancia en comparación a lo que, esta noche, deberán lidiar nuestros jóvenes españoles. La noche, imperturbable, sigue reflejando el día, plagado de corrupción, mafias, tráfico de drogas, trata de blancas, porteros armados hasta los dientes, puñales camuflados en muñecas Barbie, drogas, delincuencia... impunidad... Todo aumentado y amplificado vía Smartphone, conectando vía wifi todos los cuchitriles del crimen y la decadencia. El silencio, la vergüenza, el "¿qué dirán?", ya no se estilan. El vicio se transformó en virtud por obra y gracia del Nuevo Mundo y los tonos grises han pasado de negro azabache. 

Nada escapa a la Degradación, Monos. Al igual que el Hombre, la Sociedad tiene perdido el último Juicio.

En apenas unos años, o décadas, nos hemos emborrachado de libertad. Hemos bebido tanta que esta ha perdido su sabor, su exquisitez… dejando, el dulzor, paso a una amargura incontrolable e incomprensible… libertina… que, paranoica de enfermedad, pide más y más, siempre más, aferrado a su droga como un yonki que acaba por meterse de todo, confundiendo el caballo con el yeso, la Libertad con el libertinaje… el Libre Albedrio, con la senda que recorre Vicente. Vivir a tope, sentir a tope, jugárnosla a tope, olvidada toda responsabilidad, aparcando la vieja estupidez esa de "acción-reacción"...


… y hoy, viernes, fecha santificada para todos aquellos amantes de la noche, millones se echan las manos a la cabeza sorprendidos porque, ayer noche, tres ángeles murieron aplastados por una masa en estampida. Una masa borreguil a la carrera. Una Masa inmisericorde, congratulada en su propia ignorancia… servil ante el silbido de la rata convertida en pastor. Dicen que fue una bengala, un petardo… un pedo… Podría haber sido cualquier cosa. Un recinto, un aforo… completo o no, es indiferente… una bazofia sembrando el pánico… y adiós. Tres chicas… tres frágiles cuerpos… adiós. ¿Cómo pudo pasar? ¿Quién fue el culpable? ¿Medidas de seguridad? Cientos de preguntas, cientos de críticas, decenas de denuncias…

Pero la Realidad… esa que me abofeteó hace unos minutos… acaba imponiéndose, de nuevo. De nada sirven los espejismos bombardeados mediante rayos catódicos, las revistas de mayor tirada o las lecciones en la universidad impartidas por bohemios hippies trasnochados. El Mundo no es un lugar seguro. Nunca lo fue, y nunca lo será. Ni de día ni de noche. Tras cualquier esquina, en la segunda fila del pabellón municipal de turno, en la parada del autobús… Todo sitio es bueno para que la Verdad, con mayúsculas, nos apee de toda ilusión con un buen bofetón en los morros.


Así han acabado las cosas para estas tres chicas (quizá cinco). Ropa bonita, maquillaje, un adiós al cerrar la puerta de sus casas… Una ilusión y una risa. Una noche de fiesta que, seguro, creían especial, dispuestas a vivirla como si fuese la última, la inolvidable, aquella en la que “quemarían Madrid”. 

Hay días en los que el bofetón, amigos, es fuerte… cruel… suficiente para el resto de los días.


Que descansen en paz.


---

La Muerte es siempre temprana y no perdona a ninguno. Pedro Calderón de la Barca.



6 comentarios:

Zorrete Robert dijo...

En Madrid sabíamos que esto volvería a pasar (¿Ya no se acuerdan de Alcalá 20?). Ahora todo estaba correcto, todo lo hicieron bien, la culpa de un petardo. Venga ya, no jodas. Entonces si hubiera sido un incendio o una bronca de las gordas ¿Cuantos muertos habría?.
Saluditos.
Ps: Muy bueno lo del "chivato de Kamel", pero si no lo explicas creo que no sabrán lo que es, jejej.

Tío Chinto de Couzadoiro dijo...

Formamos parte de una sociedad enferma, amigo Herep; tan enferma que, a veces, ni siquiera sospecha que lo está. Una sociedad, la occidental, infantilizada al máximo, que será presa fácil de cualquier otra que quiera acabar con ella. No tenemos futuro, amigo Herep!
Un cordial abrazo.

DORAMAS dijo...

Que descansen en paz. Que no vuelva a suceder. Y me callo, que si me disparo....

Herep dijo...

Zorrete,
En España, día a día, se nos demuestra que no funciona nada. ¿Por qué íbamos a creer que en este caso si que se actuó con corrección?
He estado en algunos saraos parecidos y, en frío, creo que nada ni nadie puede librarte de una avalancha producida por cualquier estupidez.
El "chivato de Camel" es el plástico que envuelve el paquete de tabaco, no? Bueno, por lo menos nosotros lo llamamos así... :P

Un saludo, campeón.

Herep dijo...

Tan y como somos ahora mismo, Tío Chinto, no tenemos ningún futuro.
Tienes razón.
Es necesario un borrón y empezar de nuevo. Analizando la Historia nos daremos cuenta que estos capítulos de "rearme" se han ido sucediendo a lo largo de los años, de forma cíclica.

Nos ha tocado a nosotros ser protagonistas, amigo.

Un abrazo, artista.

Herep dijo...

Nada que añadir, Doramas.

Que descansen en paz.