Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

8 jun. 2012

Creencias en escabeche aromatizadas con deconstrucciones morales al foei anal


Ingredientes

· 350gr. de artista a sueldo.
· 200gr. de publicidad periodística.
· 3 o 4 cucharaditas de público alelado.
· Una cabeza de Democracia del s.XXI
· Aceite o, en su defecto, vaselina.
· Especias varias, a saber: una pizca de innata cobardía, un pellizco de mendicidad intelectual,  otro de ingenio demencial y unas muescas de mala baba humana, caliente y empalagosa… casi siempre en la sombra, tras los biombos.
· Ingrediente secreto, a elección del maestro de los fogones.


De inicio, agarramos una olla grande, mastodóntica, puesto que son muchos los que degustarán la exquisitez preparada. O eso dicen… pero por si las moscas, el burro grande ande o no ande. En ella añadimos el aceite, en primer lugar. Él se encargará de que el guiso quede comestible… bien lubricado para que no rasque en su descenso gaznate abajo. Para según qué paladar, la delicatesen puede atragantarse, pero con una buena dosis de vaselina, el problema quedará resuelto.

Después, cuando la vaselina vaya adquiriendo ese tono seboso que se gasta el líquido seminal, añadiremos los 350 gramos de artista a sueldo. No es relevante que éste esté fresco. Un artista pasado de edad, con las carnes flácidas y rugosas, también hará las delicias de los más expertos bulbos gustativos de la “sin hueso”. Incluso puede emplearse artista putrefacto si la economía casera no está para dispendios.

Sea como fuere, la calidad no es importante. El milagroso sabor final vendrá, eso sí, muy de la mano de los siguientes ingredientes.

Cuando el tufo del guiso empiece a distorsionarnos el estómago, añadiremos los 200gr. de publicidad periodística. Con su ventosidad dulzona y su tacto suave y utópico, la publicidad periodística moldeará el resquemor del artista convirtiéndolo en una masa apetitosa para nuestro cuerpo y mente, finiquitando toda sospecha. Con ella se enmascarará la caducidad del plato y cualquier duda lógica sobre una posible indigestión quedará camuflada por las partículas “correctoras” del ideario intelectual.

Para rematar el engaño a nuestras papilas gustativas, añadiremos, según guste, unas cucharadas de público alelado. Público idiota, hablando en castellano antiguo. Con él y sus aplausos y hurras, cualquier duda ante la calidad de la obra culinaria quedará fuera de todo lugar. El público alelado, pinches, funciona muy bien en toda clase de platos. Sus peculiaridades metafísicas hacen que sea imposible luchar contra su encanto. Cualquier plato que cuente con él, será del agrado del comensal.

Nadie se ofende cuando degusta los placeres del público alelado, amigos. Su sabor obra el milagro y, en un abrir y cerrar de boca, nos sentiremos arrastrados por su vorágine e intensidad, camino del paraíso del “otro Mundo es Posible”.

Tras veinte minutos de hervor, agitada la masa con una espátula de madera de alcornoque, espurreamos unas briznas de Democracia del s.XXI. Ingrediente importantísimo. El perejil de todas las salsas. Ustedes pueden cocinar cualquier plato… sea excelente o repugnante… pero, si utilizan Democracia del s.XXI, la matrícula de honor quedará fuera de toda duda. Confiesen a sus anfitriones que añadieron Democracia del s.XXI al cocido, y todo serán felicitaciones y palmaditas en la espalda. Todo es posible cuando uno espolvorea Democracia del s.XXI.

Con ella, no habrá pavo… faisán… elefante… hiena o rata que se les resista.

Tras cinco minutos y cuando la bazofia vaya adquiriendo un tono negruzco cancerígeno, será el momento de añadir las especias más comunes en esta nouvelle cuisine. Para muchos, el plato será sobresaliente antes de este paso, pero hay otros que necesitan un poco más de tutifruti gustativo. Para ellos se podrá añadir mendicidad intelectual o unos gramos de cirugía social avanzada, amén de alguna ramita de logia secreta. También podrá espolvorearse cobardía, aunque su sabor queda siempre muy difuminado.

El cuerpo humano, de tanto uso y abuso, ha acabado olvidando qué es, qué gusto tiene y para qué sirve, la cobardía. Como sucede con los inmortales virus milenarios, éstos acaban escupiendo sobre la penicilina. Cuando no se conoce el sabor de la cobardía, todo sabe a valor.

Tras estos últimos cinco minutos, preparamos dos platos grandes, cuadrados y del color del arcoíris.

Pero, antes de servir, nos acercaremos a la olla y, como quien no quiere la cosa, arrojaremos a su interior el ingrediente secreto. Véase un Mahoma, un Dalai Lama, un Moisés o David, un Joseph Smith, un Krishna o un arquitecto cualquiera… como guste…

Remover para que coja sabor, deconstruir en el plato anteriormente indicado, y servir en frío… sin vino, sin agua y sin nada que lo amenice.

Verán cómo alcanzan el Paraíso en la Tierra.

Créanme.

Su sabor y excelencia ha superado toda clase de concursos y juicios gastronómicos.


Para chuparse los dedos, señores.

9 comentarios:

Zorrete Robert dijo...

Me imaginaba que la cosa iba por ahí, pero hasta no pinchar el enlace no estaba seguro.
Podrías haber subtitulado el post "Hoy Cocinan Ellos" comida para caníbales sin gusto alguno y pasaos de orujo mie..*.
El menda estaba acojonado, increíble, sin quieres saber lo que es vivir con miedo Javierito cocina un corán y luego nos lo cuentas, valiente.
Saluditos.

George Orwell dijo...

Ahora que no se va a exiliar y vamos a tener que soportar su sectarismo, podría probar a cocer un Corán... Ah. Que no hay...

Reinhard dijo...

No hubo suerte, Herep, que decía este fulano que si lo condenaban, se exiliaba. Hay que seguir sufriendo.

Maribeluca dijo...

La vaselina que no falte (y también la marijuana, indispensable para el sector de "otro mundo es posible")

Menudo potaje,Herep.

Un abrazo y buen finde

C.S.Peinado dijo...

No es un ataque a la Libertad Religiosa, claro que no ha atentado contra la morería que nos carcome cada día un poquito más... Ese indigente que salió siendo indultado por la progrejusticia que nos ha dejado zETAparo sólo cocinaba a su p... madre y ni aún así. Que asco.

Un saludazo.

Herep dijo...

Estaría temiendo que las legiones de Cristo Rey lo persiguieran en algún callejón oscuro de los que tanto frecuenta, Zorrete.

Ya se sabe... el integrismo, que es muy malo.

Al menos no podrá quejarse de ir por la vida con el estómago vacío.

Un saludo, y buen Domingo.

Herep dijo...

¿Un Corán?
No, Orwell. Ese es su libro de cabecera.

Un saludo.

Herep dijo...

De España no se exilia nadie, Reinhard. ¡Qué tierra más tolerante que esta! ¡Qué país más culto que el nuestro!

Herep dijo...

Se pueden añadir más ingredientes, Maribeluca. Todos los que se quieran.
Al final, el regusto de la sopa será siempre el mismo.

Amargo, casi obsceno.

Un abrazo. Que tengas un buen día.